La autoestima: el pilar que se construye desde la infancia
La autoestima puede definirse como el valor y la percepción que una persona tiene de sí misma, incluyendo su capacidad para afrontar desafíos, relacionarse con los demás y encontrar sentido en su vida. Según Carl Rogers, uno de los psicólogos humanistas más influyentes, el núcleo de la autoestima se basa en la aceptación incondicional. Esto implica que, desde las primeras etapas de la vida, los niños desarrollan su autoestima en función de cómo perciben el amor, la valoración y el apoyo que reciben de su entorno cercano.
Desde el nacimiento, la autoestima comienza a tomar forma a través de las interacciones con los cuidadores principales, especialmente los padres. Es en esta etapa donde el niño forma lo que John Bowlby, pionero de la teoría del apego, denominó vínculo seguro. Este vínculo es crucial, ya que la confianza que un niño desarrolla en sus cuidadores sienta las bases para su confianza en sí mismo. Un entorno donde los niños se sienten aceptados, amados y valorados, incluso cuando cometen errores, fomenta una autoestima positiva y resiliente.
Los primeros años: La base para la percepción de uno mismo
Los primeros años de vida son críticos porque el cerebro del niño está en pleno desarrollo y es altamente receptivo a las experiencias emocionales y sociales. En esta etapa, los niños comienzan a construir una imagen de sí mismos basada en cómo son tratados y valorados por sus cuidadores.
Por ejemplo:
- Un niño que es constantemente reforzado con frases como “¡Qué bien lo hiciste!” o “Estoy orgulloso de ti por intentarlo” aprenderá a asociar sus esfuerzos con su valor personal.
- Por el contrario, un niño que recibe críticas constantes o mensajes negativos como “Nunca haces nada bien” puede interiorizar estas palabras y formar una baja autoestima que perdure hasta la adultez.
El psicólogo Erik Erikson, conocido por su teoría del desarrollo psicosocial, destacó que en la primera etapa de la vida, conocida como confianza versus desconfianza, los niños desarrollan una percepción básica de sí mismos y del mundo que los rodea. Si se sienten cuidados y valorados, desarrollan confianza, lo que contribuye directamente a una autoestima saludable.
El impacto de la autoestima temprana en la vida adulta
La autoestima que se forma durante la infancia no es estática; evoluciona a lo largo de la vida, pero las bases que se establecen en los primeros años son fundamentales. Investigaciones han demostrado que una autoestima positiva en la infancia está asociada con mayores niveles de éxito académico, relaciones saludables y una mejor salud mental en la adultez.
Estudios relevantes:
Un estudio longitudinal de Orth y Robins (2014) mostró que las personas con una autoestima sólida en la infancia tienen menos probabilidades de experimentar depresión, ansiedad y otros trastornos emocionales en la adultez. Además, estas personas tienden a afrontar mejor los fracasos y a adaptarse más fácilmente a los cambios, gracias a una percepción interna de valía personal que no depende exclusivamente de factores externos.
Capacidad de afrontar desafíos futuros
La infancia es también el momento en el que los niños comienzan a desarrollar estrategias para enfrentarse a los desafíos de la vida. Una autoestima positiva les permite ver los errores como oportunidades de aprendizaje en lugar de fracasos personales. Esta perspectiva fomenta la resiliencia, que es la capacidad de recuperarse de las adversidades y seguir adelante.
Por ejemplo:
- Un niño con autoestima saludable que no logra ganar un juego puede pensar: “No gané esta vez, pero fue divertido intentarlo y puedo practicar para mejorar”.
- En cambio, un niño con una autoestima frágil podría pensar: “Soy malo en todo, nunca seré bueno en esto”, lo que refuerza un ciclo de autocrítica negativa.
La capacidad de los niños para afrontar desafíos con confianza en sí mismos también está relacionada con el locus de control, un concepto desarrollado por Julian Rotter. Los niños con una autoestima saludable suelen desarrollar un locus de control interno, es decir, creen que sus acciones y decisiones influyen en los resultados de su vida. Por el contrario, aquellos con baja autoestima tienden a desarrollar un locus de control externo, creyendo que los eventos están fuera de su control, lo que los hace más vulnerables a la frustración y la pasividad.
Importancia a largo plazo: Cómo la autoestima afecta toda la vida
Una autoestima saludable establecida en la infancia no solo influye en la adolescencia, sino que también se refleja en la adultez. Las personas que desarrollan una percepción positiva de sí mismas desde temprana edad suelen presentar:
- Relaciones interpersonales saludables: Tienen mayor capacidad para establecer límites, expresar sus necesidades y disfrutar de conexiones auténticas.
- Éxito profesional: Confían en sus habilidades y se sienten motivadas a buscar oportunidades de crecimiento.
- Bienestar emocional: Son más resilientes y manejan mejor el estrés y las emociones negativas.

El reconocimiento mutuo y su impacto en la autoestima y el amor
La teoría de Jessica Benjamin, plasmada en su obra «Los lazos del amor», destaca un concepto central en el desarrollo de la autoestima: el reconocimiento mutuo. Según Benjamin, este reconocimiento ocurre cuando el niño siente que sus emociones, necesidades y existencia son validados por sus cuidadores. Es decir, el niño se percibe como un ser valorado y aceptado, no solo como alguien que debe cumplir con las expectativas de los demás. Este proceso de reconocimiento temprano es crucial para construir una autoestima sólida y una percepción equilibrada de uno mismo.
Cuando este reconocimiento mutuo no se da —por ejemplo, en entornos donde los cuidadores son emocionalmente distantes, excesivamente críticos o demandantes— el niño puede interiorizar mensajes de insuficiencia o rechazo. Esto no solo afecta su autoestima, sino que también configura cómo percibirá las relaciones y el amor en el futuro.
Benjamin argumenta que las dinámicas tempranas de poder y dependencia pueden repetirse en las relaciones adultas. Por ejemplo:
- Un niño que no fue reconocido adecuadamente puede buscar compulsivamente validación externa en la adultez, relacionando su valor personal con el reconocimiento de los demás.
- Por el contrario, un niño que experimenta reconocimiento mutuo desarrolla la capacidad de establecer relaciones basadas en el respeto, la autenticidad y el equilibrio emocional.
En este contexto, la autoestima no es solo una percepción individual, sino una experiencia profundamente relacional. Se construye en el encuentro con el otro, especialmente en los primeros años de vida.
Impacto en la forma de amar El reconocimiento mutuo también determina cómo las personas se relacionan emocionalmente. Aquellos que crecieron con un reconocimiento sano suelen ser más capaces de:
- Amar y ser amados de manera equilibrada.
- Establecer relaciones basadas en el respeto mutuo.
- Manejar los conflictos sin miedo al abandono o al rechazo.
Por otro lado, quienes carecieron de este reconocimiento pueden experimentar patrones de dependencia emocional, miedo al compromiso o una constante necesidad de aprobación, lo que refuerza ciclos de inseguridad y baja autoestima.
Reflexión práctica Para trabajar en estos patrones, es importante reflexionar sobre preguntas como:
- ¿Cómo influyeron las experiencias de tu infancia en tu forma de verte a ti mismo?
- ¿Tiendes a buscar aprobación externa para sentirte valioso?
- ¿Cómo podrías empezar a practicar el reconocimiento hacia ti mismo?
La autoestima no es algo que se construya de la noche a la mañana, pero las experiencias tempranas juegan un papel fundamental en su desarrollo. Padres, cuidadores y educadores tienen la responsabilidad de proporcionar un entorno que fomente la confianza, la aceptación y el amor incondicional, estableciendo así una base sólida para el bienestar emocional y personal a lo largo de la vida. Como señaló Rogers, “Cuando aceptamos y valoramos al niño tal como es, le damos las herramientas para que él también pueda aceptarse y valorarse a sí mismo.”
Este artículo forma parte del curso ‘Fortalece tu Autoestima: Un Camino hacia el Autodescubrimiento y la Confianza Personal’. Si te interesa seguir aprendiendo: 👇👇👇👇👇👇
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▼ Recursos Adicionales
«Los lazos del amor» de Jessica Benjamin
- Este libro es un clásico en la psicología relacional. Explora cómo las dinámicas tempranas de reconocimiento mutuo afectan la forma en que las personas se relacionan consigo mismas y con los demás, tanto en el amor como en la autoestima.
«El apego» de John Bowlby
- Un libro fundamental sobre cómo los vínculos tempranos con los cuidadores forman la base de nuestra seguridad emocional y autoestima. Bowlby, pionero de la teoría del apego, describe cómo las experiencias infantiles moldean nuestras relaciones y nuestra autoimagen.
«El hombre autorrealizado» de Carl Rogers
- Rogers explica la importancia de la aceptación incondicional en el desarrollo de una autoestima saludable, destacando cómo las experiencias tempranas impactan la percepción de uno mismo y la capacidad de vivir de manera auténtica.
«El desarrollo de la personalidad» de Erik Erikson :
- Este libro analiza las etapas del desarrollo psicosocial, destacando cómo los primeros años son cruciales para establecer confianza, identidad y autoestima, conceptos esenciales en su teoría del desarrollo humano.

