¿Por qué te aburres en tu relación aunque sigas amando a tu pareja?

¿Por qué te aburres en tu relación aunque sigas amando a tu pareja?

Hay personas que quieren a su pareja, valoran la vida que han construido juntas y no desean perder la relación. Sin embargo, cuando miran con atención lo que sienten, encuentran algo que les cuesta reconocer:

«La quiero, pero me aburro».

Esta frase suele producir culpa porque parece contener una contradicción. Si todavía existe amor, ¿cómo puede aparecer el aburrimiento? ¿Significa que la relación está acabada? ¿Se ha perdido la atracción? ¿Hace falta conocer a otra persona para volver a sentir entusiasmo?

También puede suceder que, desde fuera, la relación parezca funcionar perfectamente. No hay grandes discusiones, infidelidades ni problemas graves. La convivencia es estable, las responsabilidades se cumplen y ambos se conocen desde hace años.

Sin embargo, los días se parecen demasiado unos a otros. Las conversaciones giran alrededor de la compra, el trabajo, las facturas, los hijos o las tareas pendientes. Apenas quedan sorpresa, curiosidad o ganas de hacer algo diferente.

La relación no duele, pero tampoco despierta.

Freud dejó una observación que puede ayudarnos a comprender una parte de este problema: el deseo necesita algún obstáculo. Cuando todo resulta demasiado fácil, seguro y previsible, el deseo puede perder fuerza.

Pero esta idea necesita explicarse bien. El obstáculo no tiene por qué ser una pelea, una infidelidad, una ausencia dolorosa ni el miedo a perder a la pareja.

A veces el obstáculo consiste simplemente en recordar que el otro sigue siendo una persona diferente, con pensamientos, deseos, intereses y aspectos que no conocemos por completo.

Amar a tu pareja y aburrirte con ella es posible

El amor y el aburrimiento pueden existir al mismo tiempo porque amar, desear, sentirse acompañado y divertirse con alguien no son exactamente la misma cosa.

Puedes amar a una persona por todo lo que habéis vivido, por el cariño que sientes, por cómo te ha cuidado o por la familia que habéis construido. Al mismo tiempo, puedes notar que vuestra vida compartida se ha vuelto monótona.

También puedes sentir seguridad, confianza y ternura, pero echar de menos el deseo que aparecía al principio.

Esto no demuestra automáticamente que el amor haya terminado. Tampoco significa que debas conformarte y aceptar una relación que ya no te aporta nada.

El aburrimiento es una señal. Indica que algo se está repitiendo demasiado, que falta interés o que una parte importante de la relación ha quedado descuidada.

Para saber qué hacer, primero hay que comprender de qué tipo de aburrimiento estamos hablando.

¿Qué quieres decir realmente cuando afirmas que te aburres?

La frase «me aburro con mi pareja» puede esconder experiencias muy diferentes.

Quizá quieres decir:

  • Siempre hacemos los mismos planes.
  • Ya no tenemos conversaciones que me interesen.
  • Cuando estamos juntos, cada uno mira su teléfono.
  • Siento cariño, pero apenas tengo deseo sexual.
  • La relación funciona, pero no me produce entusiasmo.
  • Creo que ya sé todo lo que mi pareja piensa y va a decir.
  • Solo hablamos de problemas y obligaciones.
  • Hemos dejado de hacer cosas que antes disfrutábamos.
  • Ya no siento admiración por mi pareja.
  • Estoy cansado de mi vida en general y lo atribuyo a la relación.
  • Hay enfados antiguos que nunca hemos resuelto.
  • Me siento solo incluso cuando estamos juntos.

No todos estos problemas tienen la misma solución.

Una pareja que se ha dejado arrastrar por la rutina puede necesitar recuperar actividades, conversaciones y momentos propios.

Una pareja llena de resentimiento necesita hablar de aquello que continúa dañando el vínculo.

Una persona que ha perdido el interés por casi todo quizá esté atravesando un problema personal que no se arreglará organizando una cena romántica.

Antes de buscar una solución, hace falta poner un nombre más concreto a lo que ocurre.

Lo que Freud dijo realmente sobre el deseo

En 1912, Sigmund Freud publicó Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa.

El texto no estaba dedicado exactamente al aburrimiento dentro de las parejas. Freud estudiaba, entre otras cuestiones, por qué algunas personas tenían dificultades para reunir el cariño y el deseo sexual en una misma relación.

Observó que ciertos hombres podían querer y respetar profundamente a una mujer, pero sentían poco deseo por ella. En cambio, podían desear a mujeres con las que no establecían un vínculo afectivo importante.

Freud describió esta separación como una dificultad para unir la corriente tierna y la corriente sensual. Dicho de una forma sencilla: algunas personas podían amar sin desear y desear sin amar.

Dentro de ese análisis, Freud escribió que el valor psíquico de las necesidades amorosas podía disminuir cuando su satisfacción resultaba demasiado fácil. Después añadió una frase que, en la traducción publicada por Amorrortu, dice:

«Hace falta un obstáculo para pulsionar a la libido hacia lo alto».

Ahora lo traducimos al lenguaje normal, porque así escrito parece que haga falta estudiar psicoanálisis para entenderlo:

Cuando todo está demasiado fácil, disponible y previsto, el deseo puede perder intensidad. Una pequeña distancia, una novedad o algo que todavía despierte curiosidad puede volver a activarlo.

Eso es lo que nos interesa de la frase.

Freud observó que el deseo puede intensificarse cuando no consigue una satisfacción inmediata y completa. La espera, la dificultad o la distancia pueden hacer que una persona desee algo con más fuerza.

Esta observación puede aplicarse, con prudencia, a algunas relaciones actuales.

Al principio de una historia de amor existen espera, incertidumbre, descubrimiento y deseo de acercarse. La otra persona todavía no está completamente disponible. No sabemos cuándo volveremos a verla, qué siente exactamente o hasta dónde llegará la relación.

Con el tiempo, muchas de esas dudas desaparecen. La convivencia ofrece seguridad, pero también puede convertir el encuentro en algo previsto. Ya sabemos que la otra persona estará en casa, dormirá a nuestro lado y seguirá allí mañana.

Freud nos ayuda a entender que el deseo puede perder intensidad cuando deja de encontrar cualquier distancia, novedad o dificultad.

Sin embargo, Freud no creó una explicación completa del aburrimiento de pareja. Su trabajo se centraba en la sexualidad, las prohibiciones y los conflictos amorosos de su tiempo. Algunas de sus ideas sobre hombres y mujeres también reflejan la sociedad de comienzos del siglo XX y no pueden trasladarse literalmente a todas las parejas actuales.

¿Qué significa que el deseo necesita un obstáculo?

La palabra «obstáculo» puede sonar preocupante. Podría parecer que para mantener el deseo hace falta impedir que la relación sea tranquila, provocar celos o dificultar el acceso a la pareja.

No es eso lo que debemos llevar a la práctica.

El obstáculo puede ser cualquier elemento que impida que tratemos al otro como si ya lo conociéramos por completo.

Puede aparecer cuando:

  • Tu pareja tiene intereses que no dependen de ti.
  • Hace algo que admiras y que tú no sabes hacer.
  • Os encontráis en un lugar distinto al habitual.
  • La ves relacionarse con otras personas y descubres otra faceta de ella.
  • Pasáis unas horas o unos días ocupados en asuntos diferentes.
  • Iniciáis juntos una actividad nueva.
  • Mantenéis una conversación sobre algo que nunca habíais tratado.
  • Cada uno conserva una parte de su vida personal.
  • Te das cuenta de que tu pareja ha cambiado y necesitas volver a conocerla.

Ese pequeño espacio permite que vuelva a aparecer la curiosidad.

El problema no es que tu pareja esté disponible cuando la necesitas. La disponibilidad afectiva aporta confianza y estabilidad.

El deseo empieza a dormirse cuando la disponibilidad se convierte en una familiaridad absoluta: creemos que ya sabemos quién es el otro, qué piensa, qué desea y cómo responderá en cualquier situación.

La seguridad no mata el deseo

Conviene aclararlo porque la idea de Freud puede interpretarse mal.

La seguridad no destruye necesariamente el deseo. Sentirse querido, respetado y tranquilo puede facilitar la intimidad y permitir que una persona se entregue sin miedo.

El problema aparece cuando se confunde seguridad con abandono de la relación.

La seguridad es poder confiar en tu pareja.

La rutina vacía es dejar de prestarle atención porque das por hecho que siempre estará allí.

La seguridad es saber que podéis hablar de lo que os ocurre.

La monotonía es repetir las mismas conversaciones sin escucharos de verdad.

La seguridad es sentir que puedes ser tú mismo.

La dejadez es pensar que ya no necesitas cuidar cómo tratas al otro.

Una pareja puede ofrecer mucha estabilidad y seguir teniendo deseo. Para ello, ambos necesitan mantener viva la relación en lugar de tratarla como un vínculo que funciona solo.

Al principio todo es nuevo

Durante los primeros meses, casi cualquier encuentro aporta información.

Descubres cómo se ríe la otra persona, qué música escucha, qué teme, qué desea, cómo besa, qué piensa sobre la vida o qué hace cuando está nerviosa.

Cada conversación abre una puerta diferente. Incluso una actividad sencilla puede resultar especial porque todavía os estáis conociendo.

Además, la atención suele ser mucho mayor. Observas sus gestos, recuerdas lo que te cuenta y buscas oportunidades para agradarle.

La novedad no está únicamente en el plan. Está también en la forma de mirar al otro.

Con los años, esa atención puede disminuir. No porque ya no quede nada por descubrir, sino porque creemos que lo conocemos todo.

Entonces dejamos de preguntar.

Terminamos las frases de la pareja.

Suponemos lo que piensa.

Damos por hecho que sus deseos siguen siendo los mismos.

Dejamos de observar sus cambios porque continuamos relacionándonos con la persona que conocimos hace diez o veinte años.

Pero nadie permanece exactamente igual. Las experiencias, la edad, las pérdidas, los logros y las decepciones modifican nuestra manera de pensar.

Es posible convivir con alguien y, aun así, no conocer bien a la persona en la que se ha convertido.

A veces el aburrimiento aparece porque dejamos de mirar, no porque el otro haya dejado de ser interesante.

Cuando la pareja se convierte únicamente en un compañero de tareas

La convivencia exige ocuparse de muchas obligaciones. Hay que trabajar, limpiar, comprar, pagar facturas, cuidar de los hijos, atender a familiares y resolver imprevistos.

Poco a poco, la pareja puede convertirse en un equipo dedicado a mantener la vida en funcionamiento.

Una persona deja de ver al hombre o a la mujer que deseaba y empieza a ver:

  • A quien tiene que recoger a los niños.
  • A quien nunca se acuerda de comprar algo.
  • A quien paga determinadas facturas.
  • A quien ocupa siempre el mismo lado del sofá.
  • A quien deja la ropa en cualquier sitio.
  • A quien debe resolver una tarea pendiente.

Estas funciones son necesarias, pero no pueden ocupar todo el vínculo.

Cuando cada conversación sirve para organizar, reclamar o resolver problemas, la pareja pierde espacios en los que simplemente disfruta de estar junta.

Ya no se encuentran como dos personas que sienten curiosidad la una por la otra. Se reúnen como dos encargados de administrar una casa.

Esto puede reducir el deseo incluso cuando continúa existiendo cariño.

La rutina es necesaria, pero no puede serlo todo

La rutina no es una enemiga de la pareja.

Gracias a ella podemos organizarnos, cumplir responsabilidades y sentir que la vida tiene cierta estabilidad. Nadie podría vivir durante años con la intensidad y la incertidumbre de las primeras citas.

El problema aparece cuando todos los días ofrecen exactamente lo mismo:

  • Las mismas conversaciones.
  • Los mismos lugares.
  • Las mismas respuestas.
  • Los mismos horarios.
  • La misma forma de iniciar el contacto sexual.
  • Los mismos planes de fin de semana.
  • Las mismas discusiones.
  • Los mismos silencios.

En ese momento, el cerebro ya sabe qué va a ocurrir antes de que suceda. Apenas necesita prestar atención.

El aburrimiento amoroso suele estar relacionado con una falta de novedad o de estímulos dentro de la relación. Quienes lo experimentan pueden sentirse apagados, cansados, frustrados o inquietos. También suele acompañarse de una menor satisfacción con el vínculo.

Esto no significa que la pareja tenga que buscar emociones fuertes cada semana.

La novedad puede ser pequeña. Lo importante es romper la sensación de que todo está decidido de antemano.

El deseo necesita que sigáis siendo dos personas

Cuando dos personas se enamoran, quieren pasar mucho tiempo juntas. Desean compartir planes, amistades, aficiones y proyectos. Esa cercanía fortalece el vínculo.

Sin embargo, algunas parejas terminan haciendo absolutamente todo juntas. Tienen los mismos amigos, realizan los mismos planes y apenas conservan intereses propios.

Cada uno sabe en todo momento dónde está el otro, qué está haciendo y qué va a contarle.

La cercanía puede convertirse entonces en fusión. Ya no hay dos mundos que se encuentran. Hay un único mundo compartido en el que apenas sucede nada que el otro desconozca.

Conservar espacios propios no significa llevar una doble vida ni excluir a la pareja. Significa continuar siendo una persona con vida propia fuera de la relación.

Tus amistades, tus intereses, tus aprendizajes y tus proyectos te permiten seguir creciendo. Cuando vuelves a encontrarte con tu pareja, tienes experiencias, pensamientos y emociones que compartir.

Además, ver al otro haciendo algo que disfruta puede despertar de nuevo la admiración.

Quizá llevas años viéndolo como la persona que cocina, limpia o resuelve problemas cotidianos. Al observarlo cantar, enseñar, trabajar, bailar, hacer deporte o hablar con entusiasmo sobre algo que conoce bien, puedes percibir una parte que habías dejado de mirar.

No necesitas alejarte para hacerte desear. Necesitas evitar desaparecer dentro del «nosotros».

Hacer cosas nuevas juntos puede ayudar

La psicología actual ha estudiado qué sucede cuando las parejas realizan actividades nuevas y estimulantes.

En varios estudios con parejas estables, las experiencias que permitían aprender, descubrir o salir de lo habitual se relacionaron con un mayor deseo sexual y una mayor satisfacción con la relación.

Esto no significa que cualquier actividad novedosa vaya a recuperar automáticamente la pasión. Sí apoya una idea sencilla: cuando la pareja vuelve a vivir algo que despierta interés, también puede mirarse de una forma diferente.

No hace falta saltar en paracaídas ni organizar un viaje caro.

La novedad puede consistir en:

  • Visitar un lugar cercano que ninguno conozca.
  • Aprender una receta diferente.
  • Asistir a un curso o taller.
  • Escuchar juntos un tipo de música nuevo.
  • Cambiar el lugar donde soléis salir.
  • Hacer una excursión.
  • Probar una actividad que os dé un poco de vergüenza.
  • Organizar una cita por turnos sin contar previamente todos los detalles.
  • Empezar un pequeño proyecto compartido.
  • Recuperar una afición que abandonasteis.

La actividad tiene que producir cierta curiosidad.

Ir cada sábado al mismo restaurante y pedir lo de siempre puede ser agradable, pero probablemente no cambiará una sensación profunda de monotonía.

Las investigaciones sobre aburrimiento en pareja también muestran algo curioso: las personas suelen saber que deberían introducir novedades, pero eso no significa que lleguen a hacerlo.

Cuando se sienten aburridas, pueden quedarse en casa, evitar al otro o repetir las mismas actividades de siempre.

Por eso no basta con decir «tenemos que hacer algo diferente». Hace falta elegir un plan concreto y ponerle fecha.

La novedad no arregla todos los problemas

Organizar actividades nuevas puede ayudar cuando la relación se ha vuelto repetitiva, pero no resuelve cualquier tipo de aburrimiento.

Una cena distinta no borra años de resentimiento.

Un viaje no arregla una falta de respeto continua.

Una experiencia emocionante no devuelve por sí sola la admiración perdida.

Un juguete sexual no resuelve el enfado de quien se siente utilizado o ignorado.

Antes de buscar novedades, es importante comprobar si debajo del aburrimiento hay otros problemas.

Tal vez la relación se haya llenado de discusiones que nunca terminan de resolverse. Quizá uno de los dos se siente poco valorado. Puede que haya dejado de existir contacto físico porque cualquier caricia se interpreta como una petición de sexo.

También puede haber cansancio, problemas laborales, falta de sueño, responsabilidades familiares o preocupaciones económicas.

Cuando una persona está agotada, su capacidad para sentir interés y deseo puede disminuir. En ese caso, exigirle entusiasmo puede aumentar la presión.

La novedad sirve cuando falta movimiento. No puede sustituir una conversación pendiente ni reparar por sí sola un daño profundo.

¿Te aburre tu relación o te aburre tu vida?

Esta pregunta puede resultar incómoda, pero es necesaria.

A veces una persona atribuye a su pareja un vacío que aparece en casi todos los ámbitos de su vida.

Ya no disfruta de su trabajo.

Ha abandonado sus amistades.

No encuentra actividades que le entusiasmen.

Todos los días se parecen.

Se siente cansada, desanimada o desconectada.

Entonces mira a su pareja y piensa: «El problema es que esta relación ya no me hace feliz».

Una pareja puede aportar bienestar, compañía y momentos agradables. No puede encargarse de dar emoción y sentido a toda nuestra vida.

Antes de concluir que te aburres del otro, pregúntate:

  • ¿Me interesa algo últimamente?
  • ¿Disfruto cuando hago planes sin mi pareja?
  • ¿Tengo proyectos propios?
  • ¿Me siento apagado solamente dentro de la relación?
  • ¿También me sucede en el trabajo, con los amigos y durante mi tiempo libre?
  • ¿Estoy esperando que mi pareja me saque de una vida que yo mismo he dejado de cuidar?

Cuando el desinterés es general, cambiar de pareja puede producir una emoción temporal. La novedad del comienzo distraerá durante un tiempo, pero el vacío puede regresar cuando la nueva relación se vuelva estable.

Cambiar de pareja puede reiniciar el mismo ciclo

Algunas personas se sienten intensamente atraídas durante la fase inicial de una relación. Disfrutan de la conquista, las dudas y la sensación de estar descubriendo algo nuevo.

Cuando llega la estabilidad, pierden interés.

Entonces interpretan esa bajada del deseo como una señal de que eligieron mal.

Terminan la relación, conocen a otra persona y recuperan la emoción. Durante un tiempo sienten que esta vez sí han encontrado el amor verdadero.

Sin embargo, cuando el nuevo vínculo se hace cotidiano, el aburrimiento reaparece.

En estos casos, el problema puede estar en esperar que una relación estable mantenga permanentemente las sensaciones del enamoramiento inicial.

Ninguna persona puede seguir siendo nueva para siempre. Pero puede seguir siendo diferente, cambiante y capaz de sorprendernos si dejamos espacio para ello.

Esto no significa que todas las relaciones deban continuar.

Hay parejas que terminan porque existe incompatibilidad, falta de cariño, maltrato, ausencia de compromiso o proyectos de vida completamente distintos.

Cambiar de pareja no siempre es una huida. Permanecer tampoco es siempre una muestra de madurez.

La pregunta importante es si estás perdiendo el deseo por esa relación concreta o si te ocurre cada vez que alguien deja de ser difícil de alcanzar.

No confundas deseo con angustia

El deseo puede intensificarse cuando existe cierta distancia o dificultad, pero eso no significa que una relación inestable sea más amorosa.

Hay personas que sienten una enorme atracción por alguien que:

  • Aparece y desaparece.
  • A veces se muestra muy cariñoso y después se vuelve frío.
  • No aclara qué quiere.
  • Mantiene a la otra persona esperando.
  • Provoca celos.
  • Promete cosas que nunca cumple.
  • Solo demuestra interés cuando teme perderla.

La incertidumbre puede mantener a la persona pendiente y aumentar su necesidad de recibir una respuesta.

Esa intensidad se puede confundir con un amor excepcional.

Pero sufrir mucho por alguien no demuestra que exista una gran conexión. A veces demuestra que la relación genera ansiedad.

El objetivo no es cambiar la tranquilidad por una montaña rusa emocional. Se trata de recuperar el deseo sin destruir la confianza.

Lo que no debes hacer para recuperar la chispa

Al leer que el deseo necesita un obstáculo, alguien podría decidir crear dificultades de manera artificial.

Por ejemplo:

  • Tardar en responder para despertar interés.
  • Mostrar frialdad para que la pareja se esfuerce más.
  • Coquetear con otras personas para provocar celos.
  • Amenazar con terminar la relación.
  • Cancelar planes sin motivo.
  • Retirar el afecto.
  • Ocultar información.
  • Hacer creer al otro que puede ser sustituido.

Estas conductas pueden provocar una reacción intensa, pero no construyen un deseo sano. Crean miedo, inseguridad y desconfianza.

La pareja puede buscarte con más insistencia porque teme perderte. Eso no significa que haya recuperado el deseo. Está intentando recuperar la seguridad que tú has puesto en peligro.

Tampoco es recomendable utilizar una relación abierta, un embarazo, una mudanza o un gran proyecto como remedio improvisado contra el aburrimiento.

Cualquier decisión importante necesita responder a un deseo real y compartido, no a un intento desesperado de producir emociones.

Cómo introducir un obstáculo sin dañar la relación

El obstáculo saludable no consiste en dificultar el amor. Consiste en evitar que tratemos al otro como si ya lo conociéramos por completo.

Estas acciones pueden ayudar.

Recuperad espacios personales

Cada uno necesita tiempo para sus amistades, intereses y actividades. Después podréis volver a encontraros con algo nuevo que contar.

No se trata de alejarse para que el otro sufra. Se trata de que ninguno abandone su vida propia.

Haced algo que ninguno controle

Una actividad nueva obliga a prestar atención, colaborar, reírse de los errores y descubrir cómo reacciona la pareja en una situación diferente.

La novedad funciona mejor cuando produce interés y supone un pequeño reto para ambos.

Dejad de contaros únicamente las tareas pendientes

Reservad algunos momentos en los que no habléis de los asuntos domésticos, las facturas y los problemas de organización.

Podéis hablar de algo que os haya sorprendido, de un recuerdo, de un deseo que nunca habéis compartido o de cómo imagináis los próximos años.

Volved a hacer preguntas

No des por hecho que conoces todas las respuestas.

Puedes preguntar:

  • ¿Qué te preocupa últimamente?
  • ¿Qué parte de tu vida te gustaría cambiar?
  • ¿Qué echas de menos de nosotros?
  • ¿Qué te gustaría aprender?
  • ¿Cuándo te has sentido más cerca de mí durante este último año?
  • ¿Hay algo de ti que crees que ya no veo?
  • ¿Qué te gustaría volver a hacer juntos?

La curiosidad puede recuperar una cercanía que la rutina había debilitado.

Mirad a vuestra pareja fuera de casa

Ver al otro en un ambiente distinto puede cambiar nuestra percepción.

Quizá en casa solo lo relacionas con responsabilidades y problemas. En otro contexto puedes observar su humor, su capacidad, su seguridad o la forma en que disfruta de algo.

Recuperad el contacto físico sin exigir un resultado

Cuando cada caricia debe terminar en una relación sexual, algunas personas empiezan a evitar cualquier contacto para no crear expectativas.

Los abrazos, los besos, las caricias y la cercanía también necesitan existir sin convertirse siempre en una obligación.

Al reducir la presión, puede aparecer más espacio para que el deseo nazca de manera espontánea.

Hablad del sexo con claridad

No esperéis que el otro adivine lo que ha cambiado.

Con los años pueden cambiar el cuerpo, el deseo, los horarios, las preferencias y lo que cada uno necesita para disfrutar.

Continuar repitiendo la misma forma de relacionarse sexualmente puede producir aburrimiento incluso cuando existe atracción.

Hablar permite descubrir qué se ha vuelto monótono, qué resulta incómodo y qué os gustaría probar.

Proteged un tiempo para la pareja

Esperar que aparezca espontáneamente un momento perfecto suele hacer que nunca llegue.

Planificar una cita no le quita valor. Lo importante es que el encuentro no se convierta en otra obligación que se cumple mirando el reloj.

Cuando uno quiere cambiar y el otro no

Recuperar una relación requiere cierta participación de ambos.

Una persona puede proponer actividades, iniciar conversaciones y expresar lo que necesita. Pero no puede mantener sola la curiosidad, el deseo y la conexión.

Puede ocurrir que uno de los dos esté satisfecho con la relación tal como está y no entienda por qué el otro pide cambios.

También puede sentir el comentario «me aburro» como un ataque personal:

«Entonces ya no te gusto».

«Nunca tienes suficiente».

«Después de todo lo que hago, dices que te aburres».

Para evitar que la conversación se convierta en una acusación, es mejor hablar de lo que falta en el vínculo y no presentar a la pareja como una persona aburrida.

En lugar de decir:

«Contigo todos los días son iguales».

Puedes decir:

«Siento que últimamente solo compartimos obligaciones y echo de menos hacer algo que disfrutemos juntos».

En lugar de decir:

«Ya no tienes nada que me interese».

Puedes decir:

«Me gustaría que volviéramos a hablar de cosas que no sean el trabajo y la casa».

En lugar de decir:

«Ya no me provocas nada».

Puedes decir:

«Noto que nuestro deseo ha cambiado y me gustaría que pudiéramos hablar de ello sin culparnos».

Si el otro se niega continuamente a escuchar, ridiculiza el problema o deja toda la responsabilidad en tus manos, el aburrimiento puede estar mostrando una falta más profunda de implicación.

Cuándo el aburrimiento puede anunciar el final

El aburrimiento no siempre significa que la relación haya muerto, pero tampoco debemos restarle importancia.

Puede ser una señal preocupante cuando:

  • Ya no sientes curiosidad por tu pareja y tampoco deseas recuperarla.
  • No disfrutas de su compañía, aunque cambien los planes.
  • Existe un resentimiento que impide cualquier acercamiento.
  • Habéis dejado de trataros con afecto y respeto.
  • Uno de los dos rechaza cualquier intento de mejorar el vínculo.
  • La relación continúa solamente por miedo, dependencia o costumbre.
  • Tenéis proyectos de vida incompatibles.
  • La desconexión lleva mucho tiempo y ninguno desea trabajar en ella.
  • La idea de recuperar la intimidad produce rechazo, no interés.

En estas situaciones, hacer algo nuevo juntos puede ofrecer una distracción breve, pero no resolverá el problema central.

También puede ser útil acudir a terapia de pareja cuando ambos quieren continuar, pero no consiguen salir de las mismas discusiones, comprender qué apagó el deseo o expresar sus necesidades sin hacerse daño.

Volver a desear a la misma persona

El aburrimiento no es necesariamente el certificado de defunción de una relación. A veces es un aviso de que la pareja ha dejado de moverse, descubrir y crecer.

La observación de Freud sigue siendo útil: cuando todo se vuelve demasiado previsible, el deseo puede perder intensidad.

Pero no necesitamos fabricar dolor, celos ni miedo para recuperar ese obstáculo.

Podemos encontrarlo en la diferencia entre dos personas que continúan teniendo vida propia.

En una conversación que rompe las respuestas de siempre.

En una experiencia que ninguno había vivido.

En volver a mirar a la pareja fuera de sus funciones cotidianas.

En aceptar que el otro ha cambiado y que quizá necesitamos conocerlo de nuevo.

En dejar de tratar el amor como algo garantizado que ya no requiere atención.

Puedes amar a tu pareja y sentirte aburrido. Lo importante es descubrir si ese aburrimiento procede de una rutina que todavía podéis transformar, de un problema personal que has colocado sobre la relación o de una desconexión más profunda que ambos necesitáis afrontar.

No se trata de volver exactamente al comienzo. Aquellas primeras sensaciones pertenecían a dos personas que todavía no se conocían.

Se trata de construir algo diferente: una relación segura que no se quede quieta, una convivencia que no borre la individualidad y un amor capaz de seguir encontrando algo nuevo en la misma persona.


▼ Recursos Adicionales

Bibliografía Relevante:

Freud, S. (1991). Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa. En Obras completas (vol. 11, pp. 169-183). Amorrortu. Trabajo original publicado en 1912.

Harasymchuk, C. y Fehr, B. (2012). Development of a prototype-based measure of relational boredom. Personal Relationships, 19, 162-181.

Harasymchuk, C., Cloutier, A., Peetz, J. y Lebreton, J. (2017). Spicing up the relationship? The effects of relational boredom on shared activities. Journal of Social and Personal Relationships, 34(6), 833-854.

Muise, A., Harasymchuk, C., Day, L. C., Bacev-Giles, C., Gere, J. y Impett, E. A. (2019). Broadening your horizons: Self-expanding activities promote desire and satisfaction in established romantic relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 116(2), 237-258.

Dobson, K., Stanton, S. C. E., Balzarini, R. N. y Campbell, L. (2023). Are you tired of “us?” Accuracy and bias in couples’ perceptions of relational boredom. Journal of Social and Personal Relationships, 40(10), 3091-3120.


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Lilian Rodríguez, autora y creadora de MetaversoPsi
Lilian Rodríguez
Autora y creadora de MetaversoPsi

Desarrolla y firma contenidos centrados en autoestima, diálogo interno y reflexión sobre la experiencia emocional cotidiana dentro del proyecto editorial MetaversoPsi.



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