Autoestima alta, baja e inestable: qué significan realmente estas etiquetas

Imagina a dos personas que reciben una crítica sobre algo que han hecho. Ambas se consideran competentes, reconocen sus cualidades y, habitualmente, mantienen una opinión favorable de sí mismas. Sin embargo, sus reacciones ante ese comentario son bastante diferentes.

La primera se siente contrariada. Quizá le moleste el tono de la crítica o considere que no es del todo justa, pero consigue examinar lo sucedido sin que su valoración personal se vea profundamente alterada.

La segunda también se consideraba satisfecha consigo misma hasta ese momento. Sin embargo, después de escuchar el comentario empieza a cuestionar sus capacidades, recuerda otras ocasiones en las que se ha equivocado y siente que la seguridad que tenía unas horas antes ha desaparecido. Lo que inicialmente era una crítica concreta termina afectando a la percepción general que mantiene de sí misma.

¿Podríamos decir que ambas personas tienen una autoestima alta? Es posible. ¿Significa eso que su relación consigo mismas funciona de manera semejante? No necesariamente.

Cuando hablamos de autoestima solemos utilizar expresiones como autoestima alta, autoestima baja o autoestima inestable, como si fueran tres categorías perfectamente delimitadas. Sin embargo, esta clasificación resulta demasiado sencilla para describir un fenómeno psicológico mucho más complejo.

La autoestima no se comprende únicamente examinando si nuestra valoración personal es favorable o desfavorable. También importa conocer hasta qué punto esa valoración permanece relativamente estable o experimenta fluctuaciones ante determinadas circunstancias.

Comprender esta diferencia nos permite ir más allá de las etiquetas y reconocer que dos personas con una autoestima aparentemente semejante pueden relacionarse consigo mismas de maneras muy distintas.

¿Qué significa realmente tener una autoestima alta?

En psicología, cuando hablamos de autoestima alta nos referimos, generalmente, a una valoración global relativamente favorable de uno mismo.

Una persona con autoestima elevada tiende a considerarse valiosa, reconoce aspectos positivos de sí misma y mantiene una opinión general satisfactoria sobre su propia persona.

Esto no implica necesariamente que esté contenta con todas sus características, que nunca experimente inseguridad o que considere acertadas todas sus decisiones.

Podemos mantener una valoración personal favorable y reconocer, al mismo tiempo, que somos impacientes, que determinadas situaciones nos incomodan o que hemos cometido errores importantes.

La autoestima alta tampoco exige sentirse especialmente satisfecho con uno mismo todos los días. Hay ocasiones en las que podemos experimentar vergüenza, decepción o frustración sin que esas emociones describan necesariamente nuestra valoración personal habitual.

Pensemos en alguien que ha organizado una reunión familiar y descubre que ha olvidado avisar a uno de sus hermanos. Cuando se da cuenta, se siente mal, reconoce su descuido y comprende que la otra persona pueda haberse molestado.

Puede considerar que ha actuado de manera poco cuidadosa, pero eso no significa necesariamente que empiece a verse como una persona despreciable o incapaz de mantener buenas relaciones familiares.

La experiencia puede resultar desagradable sin alterar profundamente su valoración general.

Ahora bien, debemos introducir un matiz importante: tener una autoestima elevada no garantiza, por sí solo, una relación saludable con uno mismo.

Durante años se ha investigado si una autoestima alta favorece el bienestar psicológico, las relaciones sociales, el rendimiento o la capacidad para afrontar dificultades.

En una revisión publicada en 2003, Roy Baumeister y sus colaboradores advirtieron que las personas con autoestima elevada no constituyen un grupo psicológicamente homogéneo. Algunas mantienen una valoración favorable de sí mismas sin necesidad de demostrar constantemente su superioridad, mientras que otras pueden presentar actitudes defensivas o valoraciones exageradas de sus cualidades.

Investigaciones posteriores, como la revisión de Orth y Robins (2022), han encontrado evidencia de beneficios de la autoestima elevada en diferentes ámbitos de la vida, aunque sus efectos no son idénticos para todas las personas ni permiten predecir individualmente cómo se comportará alguien.

Esto significa que el nivel de autoestima aporta información importante, pero no describe por completo nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos.

Dos personas pueden expresar una valoración general favorable y, sin embargo, diferenciarse considerablemente en cómo reaccionan cuando se equivocan, reciben una crítica o sienten que alguien importante las desaprueba.

Para comprender esas diferencias necesitamos examinar otras características de la autoestima.

¿Qué significa tener una autoestima baja?

La autoestima baja se caracteriza, en términos generales, por una valoración global predominantemente desfavorable de uno mismo.

Una persona puede reconocer determinadas cualidades, mantener relaciones satisfactorias o desenvolverse adecuadamente en numerosas actividades y, aun así, experimentar una sensación persistente de insuficiencia o insatisfacción consigo misma.

Esto puede parecer contradictorio si pensamos que nuestra valoración personal debería depender directamente de las cualidades y capacidades que poseemos. Sin embargo, como hemos visto en las lecciones anteriores, lo que creemos acerca de nosotros y el significado que atribuimos a esas percepciones no siempre coinciden.

Imaginemos a alguien que recibe un reconocimiento por su colaboración en una actividad comunitaria.

Sus compañeros destacan su responsabilidad, su dedicación y la ayuda que ha proporcionado durante meses. La persona agradece las palabras y reconoce que ha realizado un esfuerzo considerable.

Sin embargo, cuando reflexiona sobre su participación, sigue considerando que los demás han sido más importantes, que su aportación no merece demasiado reconocimiento o que debería haber hecho mucho más.

No necesariamente está negando todos sus logros. Puede reconocer lo que ha conseguido y, al mismo tiempo, mantener una valoración general poco favorable de sí misma.

Este ejemplo ilustra una posibilidad, pero no describe a todas las personas con autoestima baja.

La autoestima baja no tiene una única forma de manifestarse.

Algunas personas pueden expresar abiertamente sus inseguridades, mientras que otras apenas hablan de ellas. También es posible que alguien mantenga una valoración personal desfavorable sin mostrar una conducta especialmente insegura ante los demás.

Por eso debemos evitar los habituales listados que atribuyen a todas las personas con autoestima baja las mismas características: timidez, dependencia emocional, dificultad para tomar decisiones, necesidad de aprobación o incapacidad para establecer límites.

Esas experiencias pueden relacionarse con la autoestima en determinadas circunstancias, pero ninguna de ellas permite identificar por sí sola el nivel de autoestima de una persona.

Tampoco debemos confundir autoestima baja con depresión, ansiedad o cualquier otro problema de salud mental.

La investigación ha encontrado asociaciones entre la autoestima y distintos indicadores de bienestar psicológico, pero una valoración personal desfavorable no constituye, por sí misma, un diagnóstico clínico.

Además, una autoestima baja no significa que la persona carezca de cualidades, capacidades o recursos personales. Describe una característica de su valoración subjetiva, no una medida objetiva de lo que vale.

¿La autoestima baja significa sentirse mal continuamente?

No necesariamente.

Una persona puede mantener una valoración general desfavorable y experimentar momentos de alegría, satisfacción y reconocimiento personal.

También puede disfrutar de sus relaciones, sentirse orgullosa de algún logro o atravesar periodos en los que apenas presta atención a sus dificultades personales.

La autoestima no debe confundirse con el estado de ánimo.

Sentirse alegre no significa necesariamente tener una autoestima elevada, del mismo modo que experimentar tristeza no demuestra que nuestra autoestima sea baja.

La diferencia es importante porque una emoción describe cómo nos sentimos en un momento determinado, mientras que la autoestima global se refiere a una valoración más amplia de nosotros mismos.

Aunque ambas experiencias pueden relacionarse, no son equivalentes.

De hecho, una persona puede mantener una autoestima relativamente baja y estable. Esto significa que su valoración habitual es desfavorable, pero no necesariamente cambia de manera intensa ante cada acontecimiento.

Aquí aparece una dimensión que suele pasar inadvertida cuando clasificamos la autoestima únicamente como alta o baja.

Autoestima inestable: cuando nuestra valoración personal fluctúa

La estabilidad de la autoestima se refiere al grado en que la valoración que mantenemos de nosotros mismos experimenta fluctuaciones a lo largo del tiempo.

No debemos confundirla con el nivel de autoestima.

El nivel nos informa de si nuestra valoración personal suele ser más o menos favorable. La estabilidad, en cambio, nos permite examinar cuánto cambia esa valoración y con qué intensidad.

El psicólogo Michael Kernis y sus colaboradores estudiaron esta distinción en diversas investigaciones. En un trabajo publicado en 1989 analizaron conjuntamente el nivel y la estabilidad de la autoestima en relación con determinadas tendencias de ira y hostilidad.

Posteriormente, en 1993, examinaron cómo estas dos dimensiones se relacionaban con las respuestas emocionales y cognitivas ante valoraciones positivas y negativas procedentes de otras personas.

Sus resultados contribuyeron a mostrar que el nivel de autoestima, considerado aisladamente, no explica todas las diferencias en la forma en que las personas responden a determinadas experiencias.

Una autoestima favorable también puede ser inestable

Imaginemos a una persona que habitualmente se considera satisfecha consigo misma.

Cuando recibe reconocimiento, siente que sus cualidades son evidentes y se muestra especialmente contenta con quien es. Sin embargo, cuando comete un error o interpreta que alguien la desaprueba, su valoración personal cambia considerablemente.

Puede pasar de sentirse muy satisfecha consigo misma a cuestionar aspectos importantes de su valía personal en un intervalo relativamente breve.

No significa que esté fingiendo sentirse bien cuando recibe reconocimiento. Su satisfacción puede ser completamente sincera.

Lo que ocurre es que esa valoración favorable parece experimentar fluctuaciones intensas ante determinados acontecimientos.

Esta posibilidad explica por qué una autoestima habitualmente alta no tiene por qué ser también estable.

La estabilidad tampoco significa que la persona deba permanecer indiferente ante las experiencias negativas.

Alguien puede mantener una valoración personal relativamente estable y sentirse profundamente afectado por una pérdida, una decepción o una crítica importante.

Lo que nos interesa observar no es simplemente la intensidad de la emoción, sino hasta qué punto esa experiencia modifica la valoración general que mantiene de sí mismo.

¿También puede ser estable una autoestima baja?

Sí.

Aunque inicialmente pueda parecer extraño, estabilidad y valoración favorable no significan lo mismo.

Una persona puede mantener durante bastante tiempo una opinión predominantemente negativa de sí misma sin experimentar grandes fluctuaciones.

Puede reconocer sus dificultades de una manera bastante constante, interpretar sus experiencias desde una valoración personal desfavorable y no experimentar cambios especialmente intensos cuando recibe reconocimiento o cuando algo sale mal.

Eso no convierte su situación en psicológicamente deseable. Significa únicamente que su valoración personal presenta cierta continuidad.

De la misma manera, una autoestima baja también puede ser inestable y experimentar variaciones importantes.

Por tanto, podemos encontrar diferentes combinaciones de nivel y estabilidad. No se trata de cuatro tipos cerrados de personalidad, sino de posibilidades que ayudan a comprender mejor las diferencias individuales.

La investigación suele estudiar la estabilidad mediante evaluaciones repetidas de la autoestima a lo largo del tiempo. Por eso no sería correcto determinar si nuestra autoestima es estable o inestable basándonos únicamente en cómo nos hemos sentido durante un día especialmente bueno o difícil.

Una experiencia aislada puede ayudarnos a formular preguntas, pero no permite establecer un patrón.

¿Es lo mismo tener una autoestima inestable que una autoestima frágil?

Aunque ambas expresiones aparecen frecuentemente relacionadas, no significan exactamente lo mismo.

La inestabilidad describe las fluctuaciones de nuestra valoración personal.

La fragilidad, en cambio, es un concepto más amplio que se utiliza en determinados modelos psicológicos para describir formas de autoestima especialmente vulnerables ante situaciones que amenazan la imagen que mantenemos de nosotros mismos.

Michael Kernis desarrolló esta distinción en su propuesta sobre la autoestima óptima, publicada en 2003.

Según su planteamiento, una autoestima elevada puede ser relativamente segura o presentar características de fragilidad. Para comprender esa diferencia, el autor considera distintos aspectos, entre ellos la estabilidad, el carácter defensivo de determinadas respuestas y el grado en que la valoración personal depende de cumplir ciertas condiciones.

Conviene recordar que se trata de un modelo teórico respaldado por distintas líneas de investigación, no de una clasificación clínica universal ni de un sistema diagnóstico.

Cuando necesitamos proteger constantemente nuestra imagen personal

Pensemos en alguien que se considera una persona especialmente inteligente.

Esta percepción puede formar parte de una valoración personal favorable y no tiene por qué representar ningún problema.

Sin embargo, imaginemos que esa persona experimenta una incomodidad extraordinaria cada vez que alguien cuestiona sus conocimientos. Le resulta difícil reconocer que desconoce algo, interpreta las correcciones como ataques personales y siente una necesidad intensa de demostrar que tiene razón.

No podemos concluir, a partir de esos comportamientos aislados, que tenga una autoestima frágil. Existen numerosas explicaciones posibles para una reacción defensiva.

Lo que sí podemos observar es una situación en la que determinada característica personal parece estar especialmente protegida frente a cualquier cuestionamiento.

En los modelos que estudian la fragilidad de la autoestima, este tipo de respuestas puede resultar relevante cuando forma parte de un patrón más amplio de defensa de la propia valoración.

Una autoestima favorable no necesita expresarse necesariamente mediante la superioridad, la demostración constante de capacidades o la dificultad para reconocer errores.

De hecho, una persona puede mantener una valoración positiva de sí misma y aceptar que desconoce muchas cosas, que necesita ayuda en determinadas circunstancias o que sus decisiones no siempre son acertadas.

La diferencia no consiste en sentirse más o menos orgulloso de determinadas cualidades, sino en cómo se relaciona esa valoración favorable con las experiencias que podrían ponerla en cuestión.

La importancia de aquello de lo que hacemos depender nuestra valía

Otro elemento relacionado con la fragilidad es el carácter condicionado de la autoestima.

La teoría de las contingencias de la autoestima, desarrollada por Jennifer Crocker y Connie Wolfe (2001), propone que las personas pueden hacer depender su sentimiento de valía de cumplir determinados criterios o alcanzar ciertos resultados.

Por ejemplo, alguien puede vincular especialmente su valoración personal al reconocimiento social, a su apariencia física, a determinados logros o a la aprobación de personas importantes.

En esas circunstancias, las experiencias relacionadas con esos ámbitos pueden adquirir una relevancia particular para su autoestima.

Sin embargo, debemos evitar una simplificación.

Considerar muy importante una característica o un objetivo no significa necesariamente que nuestra autoestima dependa de satisfacerlo. Podemos tener aspiraciones elevadas y sentirnos profundamente decepcionados cuando no las alcanzamos sin que eso implique una pérdida equivalente de valoración personal.

La contingencia aparece cuando la propia valía queda especialmente vinculada al cumplimiento de determinadas condiciones.

Por tanto, fragilidad, inestabilidad y autoestima condicionada son conceptos relacionados, pero no intercambiables.

La inestabilidad se refiere a las fluctuaciones. Las contingencias describen aquello de lo que puede depender nuestra valoración. La fragilidad engloba, en determinados planteamientos teóricos, diferentes características que hacen especialmente vulnerable esa valoración ante posibles amenazas.

Dos personas, una misma crítica y dos maneras de valorarse

Para comprender mejor lo que hemos explicado, imaginemos a Elena y Patricia.

Ambas colaboran en una asociación cultural y llevan varios meses preparando unas jornadas abiertas al público. Son personas responsables, disfrutan de su participación y se sienten satisfechas con el trabajo que realizan.

Al terminar una de las actividades, la coordinadora les comenta que la organización ha sido buena, pero que la atención a los asistentes podría haberse planificado mejor.

Elena escucha la observación y reconoce que algunos participantes tuvieron que esperar demasiado tiempo para recibir información. Le molesta que el problema no se detectara antes y siente cierta decepción consigo misma por no haberlo previsto.

Durante el resto de la tarde sigue pensando en el comentario. Cuando llega a casa, comenta con su pareja que las jornadas han salido bastante bien, aunque hay aspectos que deberán corregir.

La experiencia ha sido desagradable, pero Elena continúa manteniendo una valoración general favorable de sí misma.

Patricia escucha exactamente la misma crítica.

Al principio también reconoce que la organización podía haberse mejorado. Sin embargo, conforme pasan las horas, el comentario adquiere un significado diferente.

Empieza a recordar otras situaciones en las que se ha equivocado y se pregunta si realmente es tan responsable como creía. La satisfacción que había experimentado durante las jornadas desaparece y comienza a interpretar el comentario como una señal de que quizá no merece la confianza que los demás han depositado en ella.

Hasta ese momento se sentía orgullosa de su participación. Ahora, en cambio, experimenta una valoración considerablemente más negativa de sí misma.

¿Qué podemos concluir sobre Elena y Patricia?

En realidad, bastante menos de lo que podría parecer.

Sabemos que Elena ha conseguido mantener una valoración personal relativamente favorable después de una crítica, mientras que Patricia ha experimentado un cambio importante en su manera de valorarse.

Pero una única situación no permite determinar el nivel habitual de autoestima de ninguna de las dos ni establecer que una tenga una autoestima estable y la otra inestable.

Para hablar de estabilidad necesitaríamos conocer cómo varía su valoración personal en diferentes momentos y circunstancias.

El ejemplo nos ayuda a comprender la distinción, no a clasificar psicológicamente a sus protagonistas.

También permite observar que una reacción emocional intensa no tiene por qué significar una disminución equivalente de autoestima.

Elena podría haberse sentido mucho más enfadada que Patricia y, aun así, mantener una valoración personal relativamente estable.

Del mismo modo, Patricia podría no haber mostrado ninguna emoción delante de sus compañeras y haber experimentado posteriormente un cambio importante en su valoración personal.

Las emociones visibles no siempre nos indican cómo se está valorando una persona.

Por qué una etiqueta no explica toda tu relación contigo mismo

Después de examinar estas diferencias, resulta evidente que expresiones como autoestima alta o baja pueden ser útiles para describir una tendencia general, pero no explican por completo la relación que mantenemos con nosotros mismos.

Dos personas pueden obtener resultados semejantes en una evaluación global de autoestima y presentar diferencias importantes en su estabilidad, en las condiciones de las que depende su valoración y en la forma en que responden a experiencias difíciles.

También debemos recordar que las evaluaciones psicológicas proporcionan información sobre determinados aspectos de nuestra experiencia, pero no constituyen descripciones exhaustivas de nuestra personalidad.

Una puntuación elevada no significa que una persona esté protegida frente a todas las dificultades emocionales. Del mismo modo, una puntuación baja no permite deducir automáticamente que tenga problemas en sus relaciones, que carezca de capacidades o que necesite una intervención psicológica.

Y una valoración obtenida en un momento determinado no basta para conocer cuánto fluctúa la autoestima a lo largo del tiempo.

Este último punto es especialmente importante porque muchas explicaciones populares utilizan la expresión autoestima inestable como si pudiera identificarse mediante una lista de comportamientos.

Se afirma, por ejemplo, que una persona tiene autoestima inestable si necesita recibir elogios, cambia de opinión con frecuencia, se siente insegura o experimenta dificultades para aceptar críticas.

Sin embargo, ninguno de esos comportamientos demuestra por sí solo que su valoración global experimente fluctuaciones intensas.

Podemos buscar reconocimiento por motivos diferentes, sentirnos inseguros ante determinadas situaciones sin cuestionar nuestra valía o cambiar de opinión simplemente porque hemos recibido información nueva.

La investigación sobre autoestima necesita distinguir cuidadosamente entre lo que pretende medir y otros procesos psicológicos que pueden estar relacionados, pero no son equivalentes.

Por eso, más que utilizar las etiquetas para definirnos, resulta útil comprender qué información aportan y cuáles son sus límites.

Ejercicio de autoobservación: ¿Cómo cambia la valoración que haces de ti?

Ahora que conocemos las diferencias entre nivel y estabilidad, podemos realizar una pequeña práctica para observar cómo determinadas experiencias se relacionan con nuestra valoración personal.

Este ejercicio no pretende establecer si tienes una autoestima alta, baja, estable o inestable. Para evaluar esas dimensiones de manera rigurosa se necesitan procedimientos e instrumentos adecuados.

Su finalidad es mucho más sencilla: explorar si algunas experiencias recientes han modificado únicamente cómo te sentías en ese momento o también la valoración general que hacías de ti.

No necesitas elegir situaciones especialmente importantes ni recordar acontecimientos dolorosos. Puedes utilizar experiencias cotidianas que todavía tengas presentes.

1. Recuerda una situación en la que te sentiste satisfecho contigo

Piensa en algún momento reciente en el que experimentaras satisfacción personal.

Quizá conseguiste resolver una dificultad, mantuviste una conversación agradable, terminaste algo que llevabas tiempo aplazando o recibiste un comentario positivo.

Describe brevemente lo sucedido y pregúntate qué pensaste sobre ti en ese momento.

¿Te sentiste contento por algo concreto que habías hecho? ¿Experimentaste orgullo o satisfacción? ¿O notaste que esa experiencia modificaba de manera más amplia la valoración que mantenías sobre tu persona?

No existe una respuesta correcta. Lo importante es reconocer la diferencia entre sentir satisfacción por un acontecimiento y extraer conclusiones generales sobre nuestra valía.

2. Recuerda una situación en la que experimentaste decepción o inseguridad

Ahora piensa en algún acontecimiento reciente en el que las cosas no salieran como esperabas.

Puede tratarse de una equivocación, una crítica, una decisión que después lamentaste o una situación que te produjo cierta incomodidad.

Observa cómo reaccionaste y qué significado tuvo esa experiencia para ti.

¿Te sentiste decepcionado por lo sucedido? ¿Cuestionaste alguna capacidad concreta? ¿O comenzaste a valorar negativamente aspectos más generales de tu persona?

Recuerda que sentir tristeza, enfado o vergüenza no significa necesariamente que tu autoestima haya disminuido.

3. Compara ambas experiencias

Relee lo que has escrito y presta atención a la diferencia entre las emociones que experimentaste y la valoración personal que mantuviste en cada situación.

Puedes ayudarte de estas preguntas:

  • ¿Mi satisfacción o decepción se relacionaba principalmente con lo ocurrido?
  • ¿Llegué a sentir que era una persona más o menos valiosa dependiendo del resultado?
  • ¿La valoración que mantenía de mí cambió de forma importante o permaneció relativamente semejante?

Es posible que descubras que las dos situaciones produjeron emociones diferentes, pero apenas modificaron tu valoración general.

También puede suceder que reconozcas cambios importantes en la manera en que te considerabas a ti mismo.

Ninguna de estas observaciones permite establecer conclusiones definitivas sobre la estabilidad de tu autoestima.

Una fotografía de dos momentos no describe necesariamente un patrón que se mantiene a lo largo del tiempo.

4. Quédate con una observación, no con una etiqueta

Para terminar, intenta resumir lo que has descubierto mediante una frase descriptiva.

Por ejemplo:

«Cuando algo me sale mal, a veces paso de sentirme decepcionado por el resultado a cuestionar aspectos más generales de mí».

O quizá:

«Puedo sentirme muy satisfecho o profundamente frustrado por una experiencia sin que cambie demasiado la valoración general que mantengo de mi persona».

No necesitas decidir cuál de estas respuestas es mejor ni extraer conclusiones sobre cómo deberías sentirte.

El objetivo es empezar a reconocer una diferencia que puede pasar inadvertida: no todo cambio emocional implica un cambio equivalente en nuestra autoestima.

Esta práctica es una herramienta educativa de autoobservación. No constituye un test psicológico validado ni permite diagnosticar dificultades relacionadas con la autoestima.

¿Es mejor tener una autoestima alta o una autoestima estable?

Después de todo lo explicado, podríamos pensar que debemos elegir entre mantener una autoestima elevada o conseguir que nuestra valoración personal sea estable.

Sin embargo, esa pregunta plantea una oposición que no es necesaria.

Nivel y estabilidad son dimensiones diferentes y ambas pueden aportar información relevante sobre nuestra relación con nosotros mismos.

Una autoestima favorable puede relacionarse con experiencias positivas de bienestar, pero su nivel no describe por completo cómo respondemos ante las dificultades.

La estabilidad, por su parte, puede indicar que nuestra valoración personal no experimenta fluctuaciones demasiado intensas ante determinados acontecimientos. Sin embargo, una valoración desfavorable también puede ser relativamente estable, de modo que estabilidad no equivale automáticamente a bienestar.

Desde su propuesta sobre la autoestima óptima, Kernis (2003) defendió que una valoración personal favorable y relativamente segura, no excesivamente dependiente de la validación externa, ofrece una comprensión más completa que la simple búsqueda de una autoestima elevada.

No obstante, debemos recordar que la autoestima óptima es una conceptualización teórica, no un estado psicológico perfecto que las personas deban alcanzar.

Tampoco sería razonable aspirar a que nuestra valoración personal permaneciera completamente inalterable.

Las experiencias nos afectan, proporcionan información y pueden modificar legítimamente la manera en que nos comprendemos. Una crítica justificada puede llevarnos a reconocer comportamientos que necesitamos revisar, y una experiencia importante puede transformar nuestra percepción personal.

La cuestión no consiste en impedir cualquier cambio, sino en comprender mejor qué estamos valorando cuando algo nos sucede y qué alcance tienen las conclusiones que extraemos sobre nosotros mismos.

Comprender tu autoestima es más útil que intentar encajar en una categoría

Las expresiones autoestima alta, baja e inestable pueden resultar útiles para describir determinados aspectos de nuestra valoración personal, pero pierden precisión cuando las utilizamos como etiquetas que pretenden explicarlo todo.

La autoestima alta y baja hacen referencia, principalmente, al nivel de valoración que mantenemos de nosotros mismos. La estabilidad, en cambio, describe cuánto fluctúa esa valoración a lo largo del tiempo.

A estas dimensiones podemos añadir otras cuestiones, como la importancia que adquieren determinadas condiciones para sentirnos valiosos o el grado de vulnerabilidad de nuestra valoración personal ante situaciones que interpretamos como amenazantes.

Comprender estas diferencias nos permite reconocer que una persona puede valorarse favorablemente y experimentar inseguridades, que alguien puede mantener una autoestima baja sin sentirse mal continuamente y que nuestra valoración personal puede cambiar sin que eso signifique necesariamente que exista un problema psicológico.

No necesitamos convertir cada emoción, crítica o experiencia desagradable en una evaluación sobre el estado de nuestra autoestima.

Tampoco necesitamos alcanzar una valoración personal perfecta para empezar a comprender cómo nos relacionamos con nosotros mismos.

A veces, una pregunta más útil que «¿Tengo la autoestima alta o baja?» es «¿Qué ocurre con la valoración que hago de mí cuando las cosas no salen como esperaba?».

La respuesta puede ayudarnos a distinguir entre nuestras reacciones ante acontecimientos concretos y la manera más amplia en que nos consideramos como personas.

En la siguiente lección de Autoestima Consciente 365 exploraremos otra cuestión relacionada, pero diferente: por qué podemos sentirnos muy seguros en determinados ámbitos de nuestra vida y experimentar una considerable inseguridad en otros, sin que eso signifique necesariamente que nuestra autoestima global esté cambiando continuamente.

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Bibliografía Relevante:

Kernis, M. H. (2003). Toward a Conceptualization of Optimal Self-Esteem. Psychological Inquiry, 14(1), 1-26. DOI: 10.1207/S15327965PLI1401_01.

Artículo teórico que distingue entre autoestima elevada y autoestima óptima. Examina la estabilidad, la fragilidad, el carácter defensivo y las contingencias de la valoración personal.

Consultar investigación de Kernis (2003)

Kernis, M. H., Grannemann, B. D. y Barclay, L. C. (1989). Stability and Level of Self-Esteem as Predictors of Anger Arousal and Hostility. Journal of Personality and Social Psychology, 56(6), 1013-1022. DOI: 10.1037/0022-3514.56.6.1013.

Investigación que examina conjuntamente el nivel y la estabilidad de la autoestima y su relación con determinadas tendencias de ira y hostilidad.

Consultar investigación de Kernis y colaboradores (1989)

Kernis, M. H., Cornell, D. P., Sun, C. R., Berry, A. y Harlow, T. (1993). There’s More to Self-Esteem Than Whether It Is High or Low: The Importance of Stability of Self-Esteem. Journal of Personality and Social Psychology, 65(6), 1190-1204. DOI: 10.1037/0022-3514.65.6.1190.

Investigación sobre la importancia de la estabilidad de la autoestima y su relación con las respuestas emocionales y cognitivas ante valoraciones interpersonales positivas y negativas.

Consultar investigación de Kernis y colaboradores (1993)

Crocker, J. y Wolfe, C. T. (2001). Contingencies of Self-Worth. Psychological Review, 108(3), 593-623. DOI: 10.1037/0033-295X.108.3.593.

Modelo teórico sobre las condiciones de las que las personas pueden hacer depender su sentimiento de valía personal y su relación con determinadas respuestas psicológicas.

Consultar investigación de Crocker y Wolfe (2001)

Baumeister, R. F., Campbell, J. D., Krueger, J. I. y Vohs, K. D. (2003). Does High Self-Esteem Cause Better Performance, Interpersonal Success, Happiness, or Healthier Lifestyles? Psychological Science in the Public Interest, 4(1), 1-44. DOI: 10.1111/1529-1006.01431.

Revisión crítica de las relaciones entre autoestima elevada, rendimiento, bienestar y relaciones interpersonales. Señala la heterogeneidad de las personas con autoestima alta y los límites de determinadas inferencias causales.

Consultar revisión de Baumeister y colaboradores (2003)

Orth, U. y Robins, R. W. (2022). Is High Self-Esteem Beneficial? Revisiting a Classic Question. American Psychologist, 77(1), 5-17. DOI: 10.1037/amp0000922.

Revisión posterior que reexamina la evidencia acumulada sobre los posibles beneficios de la autoestima elevada en diferentes ámbitos de la vida y sus implicaciones para el bienestar psicológico.

Consultar revisión de Orth y Robins (2022)




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