Cómo reconocer las situaciones en las que empiezas a sentirte valioso

Hay momentos en los que nos sentimos especialmente bien con nosotros mismos. Quizá hemos conseguido algo que nos parecía difícil, alguien ha reconocido nuestro esfuerzo o hemos tomado una decisión que llevaba tiempo preocupándonos. Son experiencias que pueden despertar satisfacción, confianza y una agradable sensación de valía personal. Otras veces, ese sentimiento aparece en circunstancias mucho más sencillas, como una conversación en la que nos sentimos escuchados, una actividad que disfrutamos o el reconocimiento de alguna cualidad que apreciamos de nuestra manera de ser.

Sin embargo, no siempre prestamos atención a esos momentos. Solemos recordar con bastante claridad las situaciones que nos hicieron dudar de nosotros mismos, mientras que las experiencias que favorecen una valoración personal positiva pueden pasar inadvertidas. Aprender a reconocer cuándo nos sentimos valiosos nos permite comprender qué circunstancias influyen en nuestra autoestima y cuánto depende nuestra autovaloración de lo que conseguimos, de cómo nos tratan los demás o de la relación que mantenemos con nosotros mismos.

¿Qué significa sentirse valioso?

Sentirse valioso implica experimentar una valoración favorable de uno mismo. Podemos reconocer nuestras cualidades, apreciar aspectos de nuestra personalidad o considerar que tenemos algo que aportar a los demás. No obstante, existen experiencias relacionadas con esa valoración que conviene distinguir, porque no todas reflejan exactamente lo mismo.

Sentirse capaz significa confiar en nuestras posibilidades para realizar una tarea o afrontar una situación. Sentirse apreciado tiene que ver con percibir aceptación, reconocimiento o afecto por parte de otras personas. Sentirse valioso, en cambio, se refiere a una valoración más amplia de nuestra persona, que puede mantenerse incluso cuando atravesamos dificultades o no conseguimos los resultados que esperábamos.

Estas experiencias pueden coincidir, pero también presentarse por separado. Una persona puede desenvolverse muy bien en su trabajo y continuar sintiendo que nunca es suficientemente buena. Otra puede atravesar una etapa de dificultades profesionales y mantener una valoración favorable de sí misma. Comprender estas diferencias nos ayuda a observar qué estamos experimentando realmente cuando una situación nos hace sentir mejor con nosotros mismos.

Cinco situaciones en las que podemos empezar a sentirnos más valiosos

Las experiencias que favorecen nuestra autovaloración son diferentes para cada persona. Influyen nuestra historia, las relaciones que mantenemos y aquello a lo que concedemos importancia. Aun así, existen algunas situaciones cotidianas que pueden ayudarnos a reconocer cómo se manifiesta esa sensación de valía personal.

1. Cuando descubrimos que somos capaces de superar una dificultad

Daniela llevaba meses evitando conducir por carretera. Tenía el permiso desde hacía años, pero siempre encontraba alguna razón para pedir que la acompañaran cuando necesitaba desplazarse fuera de la ciudad. Un sábado decidió realizar sola un trayecto corto que conocía bien y, al llegar a su destino, experimentó una satisfacción que hacía tiempo que no sentía. Había conseguido hacer algo que hasta entonces le producía inseguridad y comenzó a cuestionar aquella idea de que no estaba preparada para conducir sin ayuda.

La experiencia no transformó de repente su personalidad, pero sí modificó la percepción que tenía de sus posibilidades. Algo parecido puede sucedernos cuando aprendemos una habilidad, resolvemos un problema complicado o conseguimos desenvolvernos en circunstancias que anteriormente evitábamos. Superar una dificultad puede ayudarnos a reconocer recursos personales que habíamos subestimado, aunque la confianza adquirida se refiera inicialmente a una actividad concreta. Lo interesante es observar cómo cambia nuestra manera de vernos cuando descubrimos que podemos afrontar situaciones que antes considerábamos fuera de nuestro alcance.

2. Cuando nos sentimos escuchados, aceptados y respetados

Algunas conversaciones nos dejan una sensación de bienestar difícil de explicar. Quizá hemos compartido una preocupación sin sentirnos juzgados, defendido una opinión diferente sin temor a una reacción desagradable o hablado de una dificultad personal sin necesidad de justificarnos constantemente. En esas situaciones experimentamos aceptación y confianza dentro de una relación, algo que puede influir favorablemente en la manera en que nos sentimos con nosotros mismos.

La teoría del sociómetro, desarrollada por Mark Leary y Roy Baumeister, propone que la autoestima está relacionada con nuestra percepción de aceptación y valoración social. Desde esta perspectiva, las experiencias de inclusión y rechazo pueden influir en nuestra autovaloración, lo que ayuda a comprender por qué determinadas relaciones tienen tanta importancia para nuestro bienestar emocional. Observar con quiénes podemos expresarnos libremente, reconocer nuestras dificultades y mantener opiniones diferentes nos permite identificar relaciones en las que encontramos respeto y aceptación.

3. Cuando tomamos decisiones que respetan nuestras preferencias

Hay decisiones que producen una satisfacción especial, aunque nadie más sepa que las hemos tomado. Puede suceder al elegir una formación que nos interesa, expresar una opinión que llevábamos tiempo callando o rechazar un compromiso para el que realmente no disponemos de tiempo. Lo significativo no es que esas decisiones sean extraordinarias, sino que hemos tenido en cuenta nuestras preferencias y participado activamente en algo que afecta a nuestra vida.

A veces descubrimos que llevábamos mucho tiempo concediendo más importancia a las expectativas ajenas que a nuestros propios intereses. En otras ocasiones comprobamos que ya tenemos una capacidad de decisión que apenas habíamos reconocido. Estas experiencias pueden fortalecer nuestra confianza personal, siempre que entendamos que actuar de acuerdo con nuestras preferencias también implica considerar nuestras responsabilidades y los acuerdos que mantenemos con los demás. Sentir que nuestras opiniones y necesidades tienen un lugar legítimo en nuestras decisiones puede favorecer una relación más satisfactoria con nosotros mismos.

4. Cuando reconocemos cualidades que apreciamos de nosotros mismos

No todas las experiencias que favorecen nuestra autoestima están relacionadas con conseguir objetivos. También podemos sentirnos satisfechos al reconocer algo positivo de nuestra manera de ser, como haber tenido paciencia durante una conversación complicada, escuchar a alguien que necesitaba apoyo o admitir una equivocación sin buscar excusas. Son comportamientos que nos permiten identificar cualidades personales que consideramos importantes y que, en ocasiones, apenas valoramos porque forman parte de nuestra conducta habitual.

Es frecuente que prestemos más atención a nuestras limitaciones que a esas características positivas. Nos parece normal actuar con responsabilidad, ayudar a alguien o resolver una dificultad, mientras que una equivocación puede permanecer durante mucho tiempo en nuestra memoria. Reconocer nuestras cualidades implica concederles la importancia que merecen, sin necesidad de compararnos con otras personas ni considerarnos superiores. Podemos apreciar aspectos de nuestra personalidad y, al mismo tiempo, admitir que tenemos limitaciones, contradicciones y comportamientos que nos gustaría mejorar.

5. Cuando podemos equivocarnos sin dejar de respetarnos

Puede parecer extraño incluir los errores entre las situaciones que nos ayudan a reconocer nuestra valía personal. Sin embargo, algunas experiencias difíciles permiten descubrir cómo nos tratamos cuando no conseguimos lo que esperábamos. Pensemos en alguien que dedica varias horas a preparar una receta y termina obteniendo un resultado desastroso. Se siente frustrado porque ha desperdiciado ingredientes y tiempo, pero consigue reconocer qué ha fallado, aceptar lo ocurrido y continuar con su día sin convertir esa equivocación en una descalificación de su persona.

Quizá en otro momento habría interpretado el mismo resultado como una demostración de su torpeza. Ahora, en cambio, puede experimentar decepción y reconocer que necesita aprender sin cuestionar por completo sus capacidades. Algo semejante ocurre cuando recibimos una crítica justificada o descubrimos que hemos tomado una decisión poco acertada. Mantener el respeto hacia nosotros mismos cuando estamos descontentos con nuestra conducta puede ser una expresión significativa de una autovaloración favorable, precisamente porque no depende de haber conseguido un resultado positivo.

Cuando necesitamos conseguir algo para sentirnos valiosos

Hasta aquí hemos explorado situaciones que pueden favorecer una valoración positiva de nosotros mismos. Sin embargo, también es importante observar qué ocurre cuando necesitamos que esas experiencias se repitan constantemente para mantener esa sensación.

En psicología, Jennifer Crocker y Connie Wolfe desarrollaron el concepto de contingencias de la autoestima, relacionado con los ámbitos en los que una persona fundamenta especialmente su valor personal. Algunas personas conceden una importancia extraordinaria al éxito profesional, al rendimiento académico, a la apariencia física o a la aprobación de los demás. Cuando reciben resultados favorables en esos ámbitos, su autoestima puede aumentar; cuando las cosas salen mal, su valoración personal puede verse especialmente afectada.

Recibir una felicitación en el trabajo, por ejemplo, puede producir satisfacción y alegría. Disfrutar del reconocimiento es una reacción comprensible, pero la experiencia adquiere otro significado cuando necesitamos esas felicitaciones para considerarnos personas competentes y valiosas. Si nadie reconoce nuestro esfuerzo, podemos empezar a pensar que no somos suficientemente buenos, aunque nuestro trabajo haya sido exactamente igual de competente.

Algo parecido puede ocurrir en las relaciones personales. Sentirnos queridos y apreciados es importante, pero nuestra autoestima puede volverse especialmente vulnerable cuando interpretamos cualquier desacuerdo o falta de atención como una señal de que no merecemos afecto. En estas circunstancias, el reconocimiento ajeno termina adquiriendo un peso desproporcionado en la valoración que hacemos de nosotros mismos.

La diferencia está entre disfrutar de una experiencia positiva y necesitarla constantemente para confirmar nuestro valor. Esto no significa que debamos volvernos indiferentes ante los elogios, los éxitos o las opiniones de las personas importantes para nosotros, sino que conviene comprender cuánto cambia nuestra autovaloración cuando esas circunstancias dejan de ser favorables.

Cómo distinguir la satisfacción momentánea de una valoración personal más estable

Sentirnos bien después de recibir un elogio o conseguir algo importante es una experiencia agradable que puede desaparecer cuando termina el acontecimiento que la provocó. La autoestima global, aunque también experimenta variaciones, se refiere a una valoración más amplia de nuestra persona y no necesariamente cambia en la misma medida que nuestras emociones inmediatas.

Podemos reconocer esta diferencia observando qué permanece después de una experiencia positiva. Alguien que recibe una felicitación por su trabajo puede disfrutar de ese reconocimiento y continuar confiando razonablemente en sus capacidades cuando nadie vuelve a mencionar lo ocurrido. Otra persona puede sentirse muy satisfecha durante unas horas y empezar a dudar de sí misma en cuanto deja de recibir señales de aprobación. Ambas han experimentado satisfacción, pero la importancia que conceden al reconocimiento puede ser diferente.

Lo mismo sucede con los logros personales. Podemos sentirnos orgullosos de haber conseguido algo difícil y seguir reconociendo nuestro esfuerzo aunque el resultado no haya sido perfecto. En cambio, cuando nuestra valoración depende excesivamente del éxito, incluso un pequeño contratiempo puede llevarnos a cuestionar capacidades que anteriormente reconocíamos sin dificultad. Observar estas diferencias no sirve para establecer un diagnóstico ni clasificar nuestra autoestima mediante una experiencia aislada, pero puede ayudarnos a comprender qué circunstancias influyen especialmente en la manera en que nos valoramos.

Ejercicio práctico: identifica tres momentos en los que te has sentido valioso

Para esta lección vamos a realizar un ejercicio breve de observación personal. Recuerda tres situaciones recientes en las que te hayas sentido satisfecho contigo mismo, capaz, apreciado o especialmente cómodo con tu manera de ser. No tienen que ser acontecimientos extraordinarios; una conversación agradable, una decisión personal o una dificultad que conseguiste afrontar pueden servirte perfectamente. Lo importante es que recuerdes cómo viviste esas experiencias y qué significado tuvieron para ti.

Para cada situación, anota lo siguiente:

  1. Qué ocurrió. Describe brevemente el acontecimiento y las circunstancias en las que tuvo lugar.
  2. Cómo te sentiste contigo mismo. Identifica si experimentaste satisfacción, confianza, tranquilidad, orgullo, aceptación o alguna otra emoción.
  3. Qué favoreció esa sensación. Observa si estuvo relacionada con un logro, el reconocimiento de alguien, una decisión personal o una cualidad que aprecias de ti.
  4. Qué sucedió después. Recuerda si esa valoración positiva permaneció durante algún tiempo o si desapareció rápidamente cuando terminó la situación.

Cuando tengas tus tres experiencias, compáralas para descubrir si existe algún elemento que se repite. Puede que te sientas especialmente bien cuando alguien reconoce tus esfuerzos, que las decisiones tomadas por iniciativa propia te proporcionen una satisfacción diferente o que encuentres momentos en los que has conseguido apreciarte sin necesidad de recibir una felicitación. El objetivo es reconocer qué circunstancias influyen en tu autovaloración y observar si algunas tienen un peso especialmente importante, sin convertir tus respuestas en un examen sobre tu autoestima.

Reconocer tu valor más allá de las circunstancias

Aprender a identificar cuándo nos sentimos valiosos puede ayudarnos a descubrir capacidades, cualidades y experiencias que hasta ahora apenas habíamos tenido en cuenta. También nos permite reconocer qué importancia concedemos a nuestros logros, al reconocimiento social y a las opiniones de otras personas. Podemos disfrutar de un éxito, sentirnos orgullosos de una decisión o alegrarnos cuando alguien aprecia nuestras cualidades, comprendiendo al mismo tiempo que ninguna de esas experiencias ofrece por sí sola una medida completa de nuestro valor personal.

Nuestra relación con nosotros mismos también se manifiesta cuando atravesamos dificultades, cometemos errores o no recibimos la aprobación que esperábamos. Reconocer los momentos en los que nos sentimos valiosos puede ayudarnos a disfrutar de lo que conseguimos sin convertir cada resultado en una prueba de lo que valemos como personas. En la siguiente lección de Autoestima Consciente 365 profundizaremos en cómo pueden coexistir nuestras fortalezas y nuestras inseguridades, porque reconocer nuestras capacidades no significa dejar de tener dudas, del mismo modo que sentir inseguridad en determinadas situaciones no elimina las cualidades que poseemos.

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Autoestima Consciente 365
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▼ Recursos Adicionales

Bibliografía Relevante:

Crocker, J., y Wolfe, C. T. (2001). Contingencies of self-worth. Psychological Review, 108(3), 593–623. https://doi.org/10.1037/0033-295X.108.3.593

Crocker, J., Luhtanen, R. K., Cooper, M. L., y Bouvrette, A. (2003). Contingencies of self-worth in college students: Theory and measurement. Journal of Personality and Social Psychology, 85(5), 894–908. https://doi.org/10.1037/0022-3514.85.5.894

Leary, M. R., y Baumeister, R. F. (2000). The nature and function of self-esteem: Sociometer theory. Advances in Experimental Social Psychology, 32, 1–62. https://doi.org/10.1016/S0065-2601(00)80003-9




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