Hay personas que confían en sus capacidades, toman decisiones con seguridad y reconocen sus cualidades, pero se sienten profundamente incómodas cuando tienen que decir que no. Otras saben establecer límites en sus relaciones y defender sus opiniones, aunque después de cometer un error pueden pasar días cuestionándose.
Nuestra relación con nosotros mismos tiene muchos matices. La manera en que nos valoramos puede influir en nuestras decisiones, en cómo reaccionamos ante las críticas y en el lugar que concedemos a nuestras propias necesidades. Sin embargo, no todas estas experiencias dependen exclusivamente de la autoestima, ni tienen por qué manifestarse de la misma manera en todos los ámbitos de nuestra vida.
Para facilitar esta exploración, en Autoestima Consciente 365 hemos organizado diferentes experiencias relacionadas con la autovaloración en cinco áreas: la relación contigo mismo, la confianza en tu propio criterio, la relación con el error y la crítica, las relaciones y los límites, y el respeto por tus propias necesidades.
Se trata de una clasificación educativa desarrollada por MetaversoPsi para favorecer el autoconocimiento, no de cinco dimensiones psicológicas independientes y científicamente validadas. Su utilidad consiste en ayudarnos a reconocer aspectos concretos de nuestra vida que una valoración general de la autoestima podría pasar por alto.
1. Relación contigo mismo: cómo te percibes, te valoras y te tratas
La primera área está relacionada con la imagen que tienes de ti, las cualidades que reconoces y el trato que te dispensas cuando las cosas no salen como esperabas.
Puede que seas una persona responsable, que tengas facilidad para escuchar y que hayas superado dificultades importantes a lo largo de tu vida. Sin embargo, cuando alguien te pregunta por tus mejores cualidades, apenas consigues mencionar alguna. En cambio, si te pide que hables de tus defectos, probablemente podrías elaborar una lista bastante extensa.
Esta diferencia merece atención porque no siempre concedemos la misma importancia a nuestros recursos personales que a nuestras limitaciones. Algunas personas minimizan sus capacidades porque consideran que lo que hacen bien es algo normal, mientras que interpretan sus dificultades como características especialmente relevantes de su personalidad.
También conviene observar cómo te hablas cuando estás decepcionado contigo mismo. Reconocer que has actuado de manera poco acertada es diferente de utilizar esa experiencia para descalificarte como persona. Puedes asumir responsabilidades, admitir tus errores y reconocer aspectos que necesitas mejorar sin ignorar las cualidades que también forman parte de ti.
Esta área nos ayuda a observar si la valoración que hacemos de nosotros mismos incluye tanto nuestras fortalezas como nuestras limitaciones, y qué trato nos damos cuando estamos satisfechos o descontentos con nuestra conducta.
2. Confianza en tu propio criterio: cuánto valor das a tus decisiones y opiniones
Pedir consejo, escuchar otras opiniones y reconocer que alguien sabe más que nosotros sobre un asunto son comportamientos perfectamente compatibles con la confianza personal. De hecho, consultar información antes de tomar una decisión importante suele ser una muestra de prudencia.
La cuestión cambia cuando necesitamos la aprobación de otras personas para considerar válida prácticamente cualquier decisión.
Pensemos en alguien que está buscando una vivienda. Ha estudiado sus posibilidades económicas, conoce sus necesidades y encuentra un piso que reúne buena parte de sus requisitos. Sin embargo, después de comentarlo con varios familiares, empieza a cambiar continuamente de opinión. Cada persona le recomienda algo diferente y termina desconfiando de su propio criterio, aunque inicialmente había tomado una decisión razonada.
Una situación así puede llevarnos a preguntarnos qué importancia concedemos a nuestras opiniones y cómo reaccionamos cuando alguien las cuestiona. También puede ayudarnos a reconocer si existen personas ante las que nos cuesta especialmente mantener una decisión.
Conviene recordar que confiar en nuestro criterio no significa tener siempre razón ni negarnos a cambiar de opinión. La seguridad personal también incluye la capacidad para escuchar argumentos, reconocer información nueva y rectificar cuando resulta necesario.
Lo que exploramos en esta área es si participamos activamente en nuestras decisiones o si tendemos a conceder a las opiniones ajenas una autoridad mayor que a las nuestras, incluso cuando contamos con conocimientos suficientes para decidir.
3. Relación con el error y la crítica: cómo afrontas las equivocaciones y los comentarios ajenos
Equivocarnos puede resultar frustrante, especialmente cuando hemos dedicado tiempo y esfuerzo a conseguir algo. También es natural que determinadas críticas nos afecten, sobre todo cuando proceden de personas cuya opinión nos importa.
Lo que varía es cómo interpretamos esas experiencias y qué hacemos después de vivirlas.
Una equivocación en el trabajo puede provocar vergüenza, preocupación por sus consecuencias o temor a que los compañeros cuestionen nuestras capacidades. Algunas personas consiguen reconocer lo ocurrido, corregirlo y continuar con sus responsabilidades. Otras permanecen preocupadas durante mucho tiempo, repasan mentalmente el incidente y empiezan a dudar de decisiones que antes tomaban con tranquilidad.
En estas reacciones pueden intervenir nuestras expectativas, la importancia que concedemos a los resultados y las experiencias que hemos tenido anteriormente con el fracaso o la crítica.
También influye la manera en que los demás expresan sus observaciones. Una crítica respetuosa que señala un error concreto no produce necesariamente la misma experiencia que una descalificación pública. Por tanto, comprender nuestra reacción exige prestar atención tanto a lo que sentimos como al trato que hemos recibido.
Esta área nos invita a observar qué significado adquieren los errores para nosotros y hasta qué punto las críticas afectan a nuestra valoración personal. No se trata de aprender a permanecer indiferentes ante cualquier comentario, sino de reconocer cómo vivimos estas situaciones y qué consecuencias tienen en nuestra relación con nosotros mismos.
4. Relaciones y límites: cómo expresas lo que necesitas y defiendes tus preferencias
Las relaciones personales requieren acuerdos, consideración y capacidad para adaptarnos a las circunstancias de los demás. Sin embargo, también necesitamos disponer de espacio para expresar nuestras opiniones, manifestar desacuerdos y reconocer cuándo una petición supera nuestras posibilidades.
A veces aceptamos compromisos que no deseamos asumir porque nos preocupa decepcionar a alguien. Quizá una amiga nos pide un favor cuando estamos agotados y, aunque preferiríamos descansar, respondemos inmediatamente que sí. Después aparece el malestar por haber renunciado una vez más a nuestro tiempo.
En otras ocasiones conseguimos expresar nuestras necesidades sin demasiadas dificultades. Podemos explicar que no estamos disponibles, proponer una alternativa o mantener una opinión diferente sin sentir que estamos perjudicando la relación.
Estas experiencias pueden estar relacionadas con el miedo al rechazo, con determinadas expectativas aprendidas o con la importancia que concedemos a la aprobación de personas cercanas. También pueden depender de cómo reaccionan los demás cuando expresamos nuestras preferencias.
Por eso, tener dificultades para establecer límites no significa necesariamente que nos valoremos poco. No es lo mismo negociar con alguien que escucha nuestros argumentos que relacionarnos con una persona que responde mediante amenazas, humillaciones o represalias.
Esta área nos ayuda a observar cómo participamos en nuestras relaciones, qué lugar ocupan nuestras necesidades y si podemos expresar nuestras preferencias sin sentir que debemos renunciar sistemáticamente a ellas para conservar el afecto de los demás.
5. Respeto por tus propias necesidades: qué lugar ocupas en tu vida cotidiana
Reconocer nuestras necesidades parece algo sencillo, pero no siempre conseguimos hacerlo con la misma facilidad.
Podemos estar acostumbrados a atender responsabilidades familiares, laborales y personales hasta el punto de que apenas nos preguntamos qué necesitamos nosotros. En ocasiones identificamos perfectamente nuestro cansancio, nuestra necesidad de tranquilidad o nuestras ganas de dedicar tiempo a una actividad que disfrutamos, pero sentimos que siempre existe algo más importante que debemos resolver primero.
Una persona puede terminar su jornada laboral, ocuparse de las tareas domésticas y seguir atendiendo peticiones ajenas hasta bien entrada la noche. Quizá lleva semanas deseando disponer de una tarde libre, pero cada vez que surge la oportunidad aparece la sensación de que debería aprovechar ese tiempo para hacer algo útil.
En otros casos, las necesidades personales quedan desatendidas por circunstancias que no dependen de nuestra voluntad. Las dificultades económicas, las jornadas laborales extensas, los problemas de salud o las responsabilidades de cuidado pueden limitar considerablemente nuestras posibilidades de descanso y autocuidado.
Por eso conviene distinguir entre reconocer que nuestras necesidades merecen atención y disponer de los recursos necesarios para satisfacerlas.
Esta quinta área no pretende medir cuánto nos cuidamos ni establecer que una persona tiene baja autoestima porque no consigue descansar lo suficiente. Su finalidad es ayudarnos a observar si concedemos importancia a nuestro bienestar, si reconocemos cuándo necesitamos apoyo y qué dificultades encontramos para atender aquello que consideramos necesario.
Cómo se relacionan las cinco áreas en nuestra vida cotidiana
Aunque hemos explicado estas áreas por separado, en nuestra experiencia habitual suelen relacionarse.
Una persona que tiene dificultades para confiar en sus decisiones puede sentirse especialmente incómoda cuando necesita expresar un desacuerdo. Si además teme recibir críticas, quizá termine aceptando compromisos que no desea asumir y dejando sus propias necesidades para otro momento.
En esa situación aparecen elementos relacionados con la confianza en el criterio personal, la respuesta ante las críticas, los límites y el respeto por las propias necesidades. Observarlos desde diferentes perspectivas puede ayudar a comprender mejor lo que ocurre, aunque no significa que todos tengan una misma causa.
También podemos encontrar relaciones positivas entre distintas áreas. Reconocer nuestras capacidades puede ayudarnos a defender una opinión razonada, mientras que desenvolvernos en relaciones respetuosas puede facilitar que expresemos nuestras necesidades con mayor tranquilidad.
La investigación sobre el autoconcepto ha mostrado que la percepción que tenemos de nosotros mismos puede organizarse en distintos ámbitos. Asimismo, los trabajos sobre las contingencias de la autoestima señalan que las personas pueden vincular especialmente su valía a determinadas experiencias o resultados.
Estas investigaciones ofrecen un marco útil para comprender la complejidad de nuestra autovaloración, aunque no validan específicamente la clasificación de cinco áreas que utilizamos en MetaversoPsi.
Lo importante es reconocer que una dificultad en un ámbito no describe necesariamente cómo nos desenvolvemos en todos los demás.
Cómo utilizar las cinco áreas para conocerte mejor
Comprender estas cinco áreas puede ayudarte a reconocer experiencias que antes agrupabas bajo una expresión demasiado general, como «tengo poca autoestima» o «me falta confianza».
Quizá descubras que sueles confiar en tus capacidades, pero te cuesta expresar desacuerdos ante determinadas personas. O puede que reconozcas que mantienes relaciones satisfactorias, aunque eres especialmente exigente contigo cuando cometes un error.
Estas diferencias permiten describir nuestra experiencia con mayor precisión y reconocer tanto nuestros recursos personales como las situaciones que nos resultan difíciles.
Si quieres explorar estas cuestiones de manera práctica, puedes utilizar el ejercicio «Cómo hacer tu primer mapa de autoestima», disponible en MetaversoPsi. Incluye un cuaderno de trabajo ilustrado y descargable donde podrás recoger tus observaciones sobre las cinco áreas.
No necesitas asignarte puntuaciones ni decidir cuáles son buenas o malas. Puedes empezar reconociendo qué te resulta más sencillo, qué situaciones te plantean dificultades y qué aspectos de tu relación contigo mismo te gustaría comprender mejor.
Comprender las diferentes facetas de tu autoestima
Nuestra autoestima global ofrece información importante sobre cómo nos valoramos, pero no explica por sí sola todas las experiencias que vivimos en nuestra relación con nosotros mismos.
Podemos sentirnos capaces en determinados ámbitos y experimentar inseguridad en otros. También podemos reconocer nuestras cualidades y encontrar dificultades para expresar necesidades, afrontar críticas o concedernos tiempo personal.
Las cinco áreas de MetaversoPsi nos ofrecen una forma de organizar esas experiencias y observarlas con mayor claridad, teniendo presente que nuestras circunstancias y relaciones también influyen en cómo nos sentimos y actuamos.
Conocerlas puede ayudarte a formular preguntas más concretas sobre ti, especialmente cuando descubres que ciertas dificultades aparecen en situaciones determinadas. El siguiente paso será aprender a reconocer en qué circunstancias empezamos a sentirnos menos valiosos y qué ocurre con nuestra autovaloración cuando vivimos esas experiencias.
▼ Recursos Adicionales
Bibliografía Relevante:
Crocker, J., y Wolfe, C. T. (2001). Contingencies of self-worth. Psychological Review, 108(3), 593–623. DOI: 10.1037/0033-295X.108.3.593.
Shavelson, R. J., Hubner, J. J., y Stanton, G. C. (1976). Self-concept: Validation of construct interpretations. Review of Educational Research, 46(3), 407–441. DOI: 10.3102/00346543046003407.
