Piensa en la última vez que terminaste el día diciéndote: «Otra vez me ha pasado lo mismo». Quizá aceptaste un compromiso que no te apetecía, te quedaste callado cuando querías expresar tu opinión o pasaste demasiado tiempo preocupado por algo que otra persona había dicho sobre ti. También puede que hayas conseguido algo importante y, en lugar de disfrutarlo, te hayas concentrado en lo que podrías haber hecho mejor.
Son situaciones que pueden repetirse durante años sin que lleguemos a comprender demasiado bien por qué actuamos de esa manera. A veces nos acostumbramos tanto a determinadas reacciones que terminamos considerándolas parte inevitable de nuestra personalidad. Decimos que somos inseguros, demasiado sensibles, indecisos o incapaces de negarnos a lo que nos piden, pero esas descripciones no siempre nos ayudan a entender qué nos ocurre.
¿Y si, en lugar de proponerte cambiar todo lo que no te gusta de ti, empezaras por comprender una de esas situaciones que se repiten en tu vida?
Ese es el propósito de esta lección. Vamos a elaborar una fotografía de nuestro punto de partida, una descripción de cómo nos relacionamos actualmente con nosotros mismos y de aquello que nos gustaría conocer mejor.
No necesitamos descubrir hoy todas las respuestas. Lo importante es encontrar las preguntas que realmente merecen nuestra atención.

¿Qué significa hacer una fotografía de tu punto de partida?
Imagina que pudieras conservar una imagen de cómo te relacionas contigo mismo en este momento de tu vida. No sería una fotografía de tu aspecto físico, sino de tus pensamientos, tus reacciones, tus preocupaciones y la manera en que te tratas cuando algo no sale como esperabas.
En esa imagen aparecerían tus capacidades, las cosas que disfrutas y las situaciones en las que te sientes cómodo. También tendrían su lugar tus dudas, las decisiones que te cuestan y algunos comportamientos que todavía no comprendes del todo.
Lo interesante es que esa fotografía no pretende definir quién eres, sino mostrar cómo estás viviendo determinadas experiencias en este momento.
Hay una diferencia importante entre ambas cosas. Cuando decimos «soy una persona insegura», estamos utilizando una descripción muy amplia. En cambio, si reconocemos que «me cuesta expresar mi opinión cuando alguien se muestra muy convencido de la suya», estamos identificando algo que podemos observar y comprender.
La segunda formulación nos proporciona información más útil porque señala una situación concreta. Podemos preguntarnos qué sentimos, qué consecuencias anticipamos y si reaccionamos de la misma manera con todas las personas.
Además, una fotografía recoge un momento, no toda una vida. Las circunstancias cambian, adquirimos experiencia y podemos aprender nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos. Lo que observamos hoy no tiene por qué describirnos de manera permanente.
¿Qué aspectos de ti merece la pena comprender mejor?
Cuando empezamos a interesarnos por nuestra autoestima, es fácil concentrarnos exclusivamente en aquello que nos disgusta. Quizá pensamos demasiado en nuestras equivocaciones, nos preocupamos por la opinión ajena o sentimos que deberíamos confiar más en nuestras decisiones.
Sin embargo, conviene mirar nuestra experiencia con algo más de amplitud. Podemos empezar prestando atención a tres cuestiones: las situaciones que se repiten, los recursos personales que ya utilizamos y aquello que todavía no sabemos explicar.
Las situaciones que se repiten en tu vida
Algunas dificultades resultan especialmente interesantes porque aparecen en circunstancias diferentes, pero producen reacciones parecidas.
Por ejemplo, una persona puede descubrir que suele aceptar los planes que proponen sus amistades, aunque preferiría hacer otra cosa. Le ocurre también cuando sus familiares organizan reuniones y cuando alguien le pide un favor que le supone un esfuerzo considerable.
En apariencia, se trata de acontecimientos distintos. Sin embargo, todos podrían compartir un elemento: la dificultad para expresar una preferencia cuando existe la posibilidad de decepcionar a alguien.
Esto no significa que hayamos descubierto automáticamente la causa del comportamiento. Quizá intervienen el miedo al conflicto, la costumbre de adaptarse a los demás o las circunstancias concretas de esas relaciones.
Lo que sí hemos encontrado es una pregunta que merece explorarse: ¿qué me ocurre cuando mis preferencias son diferentes de las de otras personas?
Las capacidades y recursos que ya tienes
Nuestra fotografía también debe recoger aquello que sabemos hacer y los recursos que utilizamos para afrontar las dificultades.
Quizá tienes facilidad para escuchar, sabes organizarte cuando surge un imprevisto o has aprendido a resolver problemas que antes te parecían complicados. Puede que seas paciente, creativo o especialmente hábil para encontrar soluciones prácticas.
No hace falta que consideres extraordinarias esas cualidades. Muchas capacidades importantes forman parte de nuestra vida cotidiana y apenas les prestamos atención porque estamos acostumbrados a utilizarlas.
Reconocerlas nos ayuda a comprender con qué recursos contamos actualmente, sin necesidad de compararnos con otras personas.
También podemos observar qué cosas nos ayudan cuando atravesamos un momento difícil. Algunas personas necesitan hablar con alguien de confianza, otras prefieren disponer de tiempo para pensar y otras encuentran tranquilidad realizando una actividad que disfrutan.
Comprender qué nos resulta útil es tan importante como identificar aquello que nos preocupa.
Las reacciones que todavía no entiendes
A veces conocemos perfectamente lo que hacemos, pero no comprendemos por qué reaccionamos de determinada manera.
Puede suceder que un comentario aparentemente pequeño nos afecte durante horas, que nos cueste pedir ayuda incluso cuando la necesitamos o que sintamos culpa después de tomar una decisión razonable para nosotros.
En estos casos, reconocer la reacción es solamente el comienzo. Lo interesante es averiguar qué significado tiene esa experiencia para nosotros y qué circunstancias pueden estar influyendo.
Tampoco es necesario encontrar una explicación inmediata. Algunas respuestas requieren observar distintas situaciones, conocer mejor nuestras experiencias y, en ocasiones, aceptar que intervienen varios factores.
Comprendernos no consiste en encontrar una causa sencilla para todo lo que sentimos, sino en aprender a formular preguntas cada vez más precisas sobre nuestra experiencia.

¿Por qué es importante elegir lo que tú quieres comprender?
Existe una diferencia entre interesarnos por un aspecto de nuestra personalidad porque realmente nos preocupa y hacerlo porque otras personas consideran que deberíamos cambiarlo.
Imagina a alguien que disfruta pasando tiempo a solas. Le gusta leer, pasear tranquilamente y mantener un círculo reducido de amistades. Sin embargo, escucha con frecuencia que debería salir más, conocer gente y ser menos reservado.
Con el tiempo puede empezar a pensar que necesita cambiar su manera de ser, aunque personalmente se encuentre satisfecho con su vida social.
La situación sería diferente si esa misma persona deseara establecer nuevas relaciones, pero evitara hacerlo porque teme ser rechazada. En ese caso, sí existiría una dificultad que le gustaría comprender.
La conducta exterior puede parecer similar, pero el significado personal es muy distinto.
Los psicólogos Kennon Sheldon y Andrew Elliot estudiaron la relación entre los objetivos personales, los intereses y valores propios y el bienestar. Sus investigaciones sobre las metas congruentes con uno mismo sugieren que los objetivos vinculados a motivaciones personales pueden favorecer una implicación más sostenida.
Esto nos recuerda que merece la pena preguntarnos de dónde procede nuestro deseo de cambiar algo.
¿Quiero comprender esta dificultad porque está afectando a mi vida o porque alguien espera que sea diferente?
No siempre será fácil distinguir ambas posibilidades. Las relaciones y las responsabilidades compartidas también influyen legítimamente en nuestras decisiones. Sin embargo, reflexionar sobre nuestros motivos puede ayudarnos a elegir un objetivo que tenga verdadero significado para nosotros.
¿Cómo convertir una preocupación en una pregunta que te ayude?
Una de las principales dificultades del autoconocimiento aparece cuando nuestras preguntas contienen ya una valoración negativa de nosotros mismos.
Si nos preguntamos «¿por qué soy tan débil?», estamos dando por hecho que nuestra manera de actuar demuestra debilidad. Algo parecido sucede cuando pensamos «¿por qué hago siempre todo mal?» o «¿por qué soy incapaz de decidir?».
Estas formulaciones pueden expresar nuestro malestar, pero también limitar la manera en que interpretamos lo que nos ocurre.
Podemos plantear las mismas inquietudes desde una perspectiva más concreta.
En lugar de preguntarnos por qué somos débiles, podemos intentar comprender por qué nos cuesta expresar un desacuerdo. Si creemos que siempre hacemos las cosas mal, podemos observar qué sucede cuando cometemos un error y cómo valoramos los resultados que sí conseguimos.
Y si sentimos que somos incapaces de decidir, quizá la pregunta más interesante sea qué ocurre cuando tenemos que elegir entre nuestras preferencias y las expectativas de alguien importante para nosotros.
No estamos buscando preguntas artificialmente positivas ni intentando convencernos de que todo funciona bien. Se trata de sustituir las descalificaciones generales por cuestiones que podamos explorar sin dar por sentada la respuesta.
Este cambio también permite que nuestras observaciones sean más útiles. Una pregunta como «¿por qué nunca hago nada bien?» difícilmente nos ayudará a reconocer nuestras capacidades. En cambio, «¿por qué me cuesta sentirme satisfecho incluso cuando consigo lo que me propongo?» identifica una experiencia que podemos examinar con mayor precisión.
Conocerte mejor no significa analizarte constantemente
Hay una diferencia entre prestar atención a nuestra experiencia y pasar horas dando vueltas a los mismos pensamientos.
Podemos preguntarnos qué nos ha preocupado durante una conversación, intentar comprender nuestra reacción y descubrir algo que anteriormente no habíamos advertido. Pero también podemos recordar una y otra vez lo ocurrido, imaginar lo que deberíamos haber dicho y terminar sintiéndonos cada vez peor sin obtener ninguna conclusión nueva.
La investigación psicológica ha distinguido diferentes formas de atención dirigida hacia uno mismo. Los trabajos de Paul Trapnell y Jennifer Campbell, por ejemplo, contribuyeron a diferenciar la reflexión personal de la rumiación, entendida como una forma de pensamiento repetitivo centrado en preocupaciones.
Por su parte, Anthony Grant y sus colaboradores estudiaron la autorreflexión y la comprensión de uno mismo como procesos relacionados, pero diferentes. Dedicar mucho tiempo a pensar sobre nosotros no garantiza necesariamente que consigamos comprendernos mejor.
Por eso, nuestra fotografía de partida no debe convertirse en una obligación de analizar cada emoción o revisar continuamente nuestro comportamiento.
Si una pregunta comienza a producir más confusión que claridad, podemos dejarla reposar. Habrá ocasiones en las que encontremos una explicación útil y otras en las que necesitemos tiempo, nuevas experiencias o una perspectiva diferente.
El autoconocimiento debería ayudarnos a comprender mejor nuestra vida, no convertirse en otra exigencia que tengamos que cumplir perfectamente.

Ejercicio práctico: escribe tu fotografía de partida
Para cerrar esta segunda semana de Autoestima Consciente 365, vamos a preparar un pequeño documento personal que puedas conservar y consultar más adelante.
No necesitas completar otro cuestionario ni repetir el mapa de autoestima. Esta actividad tiene una finalidad diferente: elegir qué aspecto de tu relación contigo mismo quieres comprender durante los próximos meses y dejar constancia de cómo lo estás viviendo actualmente.
Puedes utilizar una hoja de papel o un documento digital. Lo importante es que tus respuestas sean concretas y tengan sentido para ti.
1. Una situación que quiero comprender
Recuerda algo que te haya ocurrido recientemente y que te gustaría entender mejor. Describe qué pasó, cómo reaccionaste y qué fue lo que te llamó la atención de tu comportamiento.
Por ejemplo: «Cuando mi hermana me pidió que cambiara nuestros planes, acepté aunque ya tenía organizada la tarde. Después me sentí molesto porque había renunciado a algo que me apetecía».
Intenta describir lo ocurrido sin convertirlo en una definición de tu personalidad.
2. Algo que reconozco a mi favor
Anota una capacidad, cualidad o recurso personal que te gustaría tener presente mientras exploras esa dificultad.
Siguiendo el ejemplo anterior, podrías reconocer que sabes colaborar con los demás, que valoras tus relaciones familiares o que habitualmente encuentras soluciones cuando surgen imprevistos.
La finalidad no es compensar una dificultad con una cualidad positiva, sino recordar que ambas pueden formar parte de tu experiencia.
3. La pregunta que quiero investigar
Transforma tu preocupación en una pregunta concreta y abierta.
En nuestro ejemplo podría ser: «¿Por qué me cuesta expresar mis preferencias cuando creo que alguien puede sentirse decepcionado?».
Procura que la pregunta no contenga una respuesta anticipada ni una descalificación personal.
4. Qué me gustaría observar durante este año
Piensa qué situaciones podrían ayudarte a comprender mejor esa pregunta.
Quizá te interese observar qué sientes cuando alguien te pide un favor, si te resulta más sencillo expresar tus preferencias con unas personas que con otras o qué consecuencias imaginas cuando consideras la posibilidad de negarte.
No tienes que modificar inmediatamente tu comportamiento. De momento, basta con identificar aquello a lo que quieres prestar atención.
5. Qué me gustaría poder decir dentro de unos meses
Termina escribiendo una frase sobre lo que te gustaría comprender, en lugar de exigirte un resultado perfecto.
Por ejemplo: «Me gustaría entender por qué a veces me cuesta expresar lo que quiero y reconocer en qué situaciones consigo hacerlo con naturalidad».
Conserva el documento con la fecha de hoy. Más adelante podrás volver a leerlo y comprobar si tus observaciones han cambiado, si has descubierto nuevas preguntas o si aquello que inicialmente te preocupaba ha perdido importancia.
¿Cómo sabrás si estás avanzando?
Una de las dificultades de los procesos de autoconocimiento es que esperamos encontrar cambios muy visibles. Queremos dejar de sentir inseguridad, superar determinadas preocupaciones o actuar de manera diferente en situaciones que llevan años resultándonos complicadas.
Sin embargo, comprender mejor una reacción también puede representar un aprendizaje importante, aunque todavía no sepamos modificarla.
Quizá descubras que tus dudas aparecen especialmente cuando temes decepcionar a alguien, que determinadas críticas te afectan más que otras o que tienes recursos personales que apenas reconocías.
También puede ocurrir que tus preguntas cambien. Lo que al principio interpretaste como falta de confianza quizá termine relacionado con una experiencia concreta, una expectativa poco realista o una dificultad que necesitas abordar de otra manera.
Esto no significa que todo avance deba considerarse positivo ni que cualquier reflexión produzca necesariamente un cambio. Algunas situaciones requerirán decisiones prácticas, apoyo de otras personas o ayuda profesional, especialmente cuando generan un malestar importante o persistente.
Lo valioso de conservar tu fotografía inicial es que podrás comparar tus observaciones con cierta perspectiva, sin depender únicamente de cómo te sientas en un día determinado.
Tu punto de partida no tiene que ser perfecto
Después de estas dos primeras semanas, quizá hayas descubierto aspectos de tu autoestima que anteriormente no habías considerado. También es posible que algunas explicaciones te hayan planteado preguntas nuevas o que todavía no tengas demasiado claro qué te gustaría comprender.
Ambas posibilidades forman parte del aprendizaje. Conocernos requiere prestar atención a nuestras experiencias, revisar algunas interpretaciones y reconocer que nuestra manera de vernos puede estar influida por circunstancias que todavía no entendemos completamente.
La fotografía que has elaborado hoy no es una evaluación de lo que vales ni una lista de defectos que debas corregir durante el próximo año. Es un punto de referencia que recoge tus inquietudes actuales, las capacidades que reconoces y las preguntas que has decidido explorar.
Durante las próximas semanas de Autoestima Consciente 365 iremos abordando diferentes aspectos de nuestra relación con nosotros mismos. En la siguiente etapa comenzaremos a estudiar cómo nuestra historia personal ha podido influir en la imagen que tenemos de nosotros, sin asumir que el pasado determina de manera inevitable quiénes somos hoy.
De momento, conserva tu fotografía y recuerda qué te llevó a formular esas preguntas. Dentro de un tiempo, quizá descubras que algunas respuestas han cambiado, que has aprendido a interpretar ciertas experiencias de otra manera o que ahora puedes hacerte preguntas que antes ni siquiera se te habían ocurrido.
Continúa tu recorrido por Autoestima Consciente 365.
▼ Recursos Adicionales
Bibliografía Relevante:
Grant, A. M., Franklin, J., y Langford, P. (2002). The self-reflection and insight scale: A new measure of private self-consciousness. Social Behavior and Personality, 30(8), 821–836. https://doi.org/10.2224/sbp.2002.30.8.821
Sheldon, K. M., y Elliot, A. J. (1999). Goal striving, need satisfaction, and longitudinal well-being: The self-concordance model. Journal of Personality and Social Psychology, 76(3), 482–497. https://doi.org/10.1037/0022-3514.76.3.482
Trapnell, P. D., y Campbell, J. D. (1999). Private self-consciousness and the five-factor model of personality: Distinguishing rumination from reflection. Journal of Personality and Social Psychology, 76(2), 284–304. https://doi.org/10.1037/0022-3514.76.2.284

